Leí un libro y noté con angustia que al final se descubre que yo liquidé
a la víctima. Que borré mis huellas. Que arrojé a las aguas del río la barra de
acero. ¿Pero quién mierda era esa atormentada persona a la que ayudé a llegar a su imprescindible
final?
Estudiadamente sustanciales y perversamente frívolos
El polvo bailaba en los rayos de luz que filtraba la persiana. Había libros por las esquinas formando torres tambaleantes, incluso uno de T...
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En la década de 1970, Arequipa seguía siendo una hermosa ciudad plagada de cantinas. El Room Dairy , en el Portal de San Agustín, no cerraba...
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A pocos metros de la calle Puente Bolognesi, entrando al antiguo callejón del Solar, quedaba la picantería El Gato Negro. Fue la primera p...
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Edmundo de los Ríos fue uno de esos enigmáticos escritores con una obra excesivamente secreta. Tal vez eso tiñó su destino. Tal vez su te...
