CRONICA DEL INSTANTE
martes, marzo 17, 2026
Situación de calle 1
domingo, marzo 08, 2026
Nunca sabrás la respuesta
Un sujeto conduce un vehículo propulsado por un motor de 500 demonios de fuerza. A pocos metros, una escultora alza hacia el cielo su hermoso rostro en pleno vértigo del egocentrismo. Más allá, en la ventana de un alto edificio de oficinas, alguien permanece inclinado sobre una pantalla brillante. Todo parece formar parte de un fragmento cualquiera de la coreografía de la vida.
Nacer, crecer, multiplicarse. Ser, expandirse. Obedecemos la consigna con disciplina biológica. Entre tanto, escrutamos desde la capas superiores de la atmósfera la vida íntima de personas de interés, diseñamos hemisferios cerebrales sintéticos, hacemos el amor, redactamos ambiciosas constituciones, programamos algoritmos y hasta escribimos poemas febriles. También —con una frecuencia que solo públicamente no nos enorgullece— ejercitamos nuestros puños contra narices ajenas. (E incluso —increíblemente— descubrimos que la quietud es una forma más del movimiento).
Y sin embargo, en algún momento de la vida, surge la pregunta engendrando el desasosiego: ¿Para qué tanto afán? ¿Qué nos mueve? ¿Por qué hacemos lo que hacemos?
La respuesta corta es: el anhelo. Su forma más visible es el sexo —acompañado a veces por ese fenómeno tan celebrado y tan errático que llamamos amor—, pero el impulso del deseo —las terribles ganas de algo, las incontenibles ganas— adopta innumerables disfraces. Se presenta como ambición profesional, curiosidad científica, necesidad de reconocimiento o hambre de aventura. Cambia de máscara con facilidad, pero el mecanismo subyacente permanece.
Desde la perspectiva evolutiva, el asunto es relativamente claro. Como observó Charles Darwin, los organismos que sobreviven y se reproducen no son necesariamente los más fuertes ni los más inteligentes ni los más nobles, sino los más astutos, aquellos cuyas características resultan más eficaces para persistir en un entorno cambiante. El deseo —ese apetito obstinado — funciona como uno de los instrumentos más eficaces de ese proceso. Nos empuja a reproducirnos, a competir, a explorar, a darlo todo.
Visto así, el placer —la gratificación del deseo— no es el objetivo final sino el anzuelo. La naturaleza, que rara vez desperdicia recursos, paga nuestra cooperación con pinchazos de dopamina: el salario mínimo necesario para mantener la maquinaria en funcionamiento. Comer, conquistar, descubrir, reproducirse: cada acto exitoso viene acompañado por su correspondiente recompensa química. El mensaje es simple y eficaz: dale, sigue, continúa, insiste, permanece.
Sobre esa base elemental hemos construido algo asombrosamente complejo. Hemos inventado la ética, la poesía, la ciencia, la política. Hemos desarrollado la idea de dignidad, la noción de justicia, la pasión por la libertad. Nos emocionamos ante un concierto para piano, nos indignamos ante la injusticia, lo arriesgamos todo por principios perfectamente abstractos.
Y la pregunta inevitable es si todo ese edificio cultural es realmente algo distinto del deseo original o si, en el fondo, no es más que su versión refinada.
En el siglo XIX, Schopenhauer propuso una idea provocadora: la existencia es una cadena de deseos que, al cumplirse, dan solo alivios pasajeros y abren nuevos deseos, de modo que el dolor predomina sobre el placer. La vida es un negocio cuyos ingresos no cubren ni de lejos los gastos. Mucho después, en el terreno de la biología, Richard Dawkins reformuló el asunto con un lenguaje distinto: los seres vivos somos vehículos temporales que los genes utilizan para viajar a través de las generaciones, utilizando el laborioso procedimiento de la imperfecta replicación.
Si ambas intuiciones tienen algo de verdad, entonces incluso nuestras aspiraciones más nobles adquieren un matiz ligeramente inquietante. La necesidad de dejar huella, por ejemplo: ¿es realmente una búsqueda de significado o apenas una estrategia simbólica contra el olvido biológico? El amor por la libertad: ¿es un valor trascendente o simplemente el rechazo instintivo a cualquier fuerza que limite nuestros imprescindibles movimientos?
Las creaciones humanas son reales y poderosas y se alzan con cierta arrogancia por encima del lodo. Pero reconocer el posible origen de esos valores —ese viejo motor llamado deseo— introduce una grieta interesante en nuestra narrativa favorita. Porque entonces irrumpe otra posibilidad.
Quizá el famoso “sentido de la vida” no sea un oculto cubo radiante esperando ser descubierto. Quizá no sea una respuesta escondida debajo de una piedra en algún lugar del universo, aguardando pacientemente a que una especie suficientemente astuta resuelva el maldito rompecabezas.
El ser humano, después de todo, es una criatura peculiar: un animal capaz de preguntarse por qué existe mientras continúa existiendo. Un organismo que, impulsado por un mecanismo biológico bastante antiguo, ha desarrollado al mismo tiempo una conciencia que examina ese mecanismo con franca suspicacia.
Al final del día, el sujeto que conduce el vehículo se estaciona en una zona altamente contaminada, la escultora sale a la noche con el rostro empapado, y el individuo inclinado sobre la pantalla brillante se incorpora y abre una ventana para contemplar a la vieja y malvada luna. Y mañana quizá, tal vez, alguno de ellos se levante anunciando que ha alcanzado alguna enloquecedora convicción que lo resolverá todo. Porque la maquinaria nunca se detiene.
lunes, marzo 02, 2026
Una quena en el Perú
Juan Cruz: ¿Y como ser humano qué le parecía Cortázar?
Juan Carlos Onetti: acá entramos en un problema… él siempre se mostró como un hombre muy humilde, muy desinteresado, pero no era nada de eso… era de una vanidad tremenda y lo muestra la polémica que tuvo con mi amigo peruano José María Arguedas, el autor de Los Ríos Profundos… (...) En una declaración Arguedas elogió el talento de Cortázar, pero lamentaba que este no se preocupara por la gente pobre, sobre todo por los indígenas de Latinoamérica. Y Cortázar le contestó de una manera muy desagradable para mí, diciéndole: “usted está tocando una quena en el Perú y yo dirijo una orquesta sinfónica en París…” es una grosería, sobre todo conociendo a este peruano, que era uno de los hombres más dulces que he conocido. ¿Y qué fue lo que le dijo a Cortázar? No era ofensivo, era como una invitación a que lo hiciera, aquello fue una miseria… (Juan Cruz. Entrevistas. Secreto y Pasión de la Literatura. Tusquets Editores S.A. 2025)
sábado, febrero 14, 2026
¿De parte de quién?
Cuando Pablo Neruda visitó Arequipa, su primera intención fue conocer a César Atahualpa Rodríguez Olcay. Siguiendo las indicaciones, se dirigió hasta la calle Puente Grau 406, en el Cercado, cerca de la Quinta Vargas. Al llamar a la puerta y preguntar por el poeta, una mujer le replicó: «¿De parte de quién?». «De Pablo Neruda», respondió este con una sonrisa. La mujer se hundió en el silencio de la casa. Al regresar, con rostro inexpresivo, pronunció: «Dice que no está». Sin inmutarse, Neruda respondió: «Está bien. Cuando regrese, dígale que no he venido».
jueves, febrero 12, 2026
Discurso del hombre que cayó a la tierra
sábado, febrero 07, 2026
Manifiesto de un anónimo poeta de 17 años
La estructura de la realidad ha comenzado a expulsar los restos del siglo XX. Los últimos bastiones flotan como barcos fantasma. Nuestras antiguas herramientas de navegación han quedado inservibles. El lenguaje que heredamos es ahora una patética interpretación simplificadora. La realidad se ha vuelto líquida, algorítmica, en franco desafío a lo antiguamente verosímil. La realidad se organiza en flujos de datos y en pantallas que deciden lo que existe y lo qué no merece nuestra atención. El poder ya no es una torre central que asediar; es una red invisible que se levanta sobre valores éticos que navegan la paradoja. Por ello, el autoritarismo ideológico y las otras lacras del espíritu no regresan con sus viejos uniformes, sino que mutan, infiltrándose a través de la fragmentación, la sensibilidad digital y la erosión de la verdad. Frente a este fenómeno, la repetición de viejas consignas es una terquedad que en la práctica se revela como una forma de rendición. La nueva era exige audacia creativa a la altura de este presente que tan velozmente se transforma en futuro. No se trata de retocar fachadas, sino de inventar una nueva caja de herramientas intelectuales que sea capaz de nombrar lo que todavía no tiene nombre. El experimentalismo de nuestros abuelos ahora es otra forma de retórica. El desafiante arte conceptual se ha diluído en ingenio, en marketing, en simple fraude. La poesía callejera, coloquial, de cantinera intensidad se ha ahogado en su vómito. Los malabaristas del lenguaje, con su presunta erudición y sus frases provocadoras, son ya sordos, ciegos, no dicen nada. Y es que solo abandonando las viejas certezas podremos habitar con dignidad la incertidumbre de este nuevo y salvaje mundo. Y aunque es cierto, estamos desconcertados y muy conscientes de nuestra insignificancia, nos queda apretar los dientes e intentar que algo de lucidez se abra paso. La manera de luchar ha cambiado, pero sigue siendo una misión urgida de heroísmo (Si nos liquidan y todo está perdido por lo menos será divertido que nuestras últimas palabras sean las tres palabras más hermosas: Te lo dije).
domingo, febrero 01, 2026
Solo contestaré en presencia de mis abogados
jueves, enero 22, 2026
Certeza cívica
Dice Ruben Blades que eso de que hay que respetar las ideas ajenas es incorrecto. Las ideas ajenas no se respetan, lo que se respeta es el derecho de los otros a tener ideas estúpidas.
martes, enero 20, 2026
La juventud no está en el corazón
La percepción del futuro es lo que define el presente. Si en nuestra cabeza el futuro se extiende como algo probablemente emocionante, estamos en modo juventud. Pero si el futuro muestra su estricto entramado, estás acabado, compadre.
Siempre se dice que el joven vive inmerso en el presente. Esa desgraciada criatura hace eso solo porque tiene en sus manos un tiempo rebosante de futuro. El presente es un animal salvaje y voraz que se alimenta sin parar de una ficción, un ideal cualquiera. El contenido de una ficción es parte esencial del mobiliario del futuro. Cuándo el futuro aparece amarillento y sin objetos imantados, todo yace trabajosamente sobre la tierra.
Cuando todo yace trabajosamente sobre la tierra, estás acabado, compadre.
jueves, enero 15, 2026
La X de una ecuación desconocida
La mayoría de los personajes de Dostoyevski son temperamentos desenfrenados o patéticos que exhiben una erizada personalidad. Nabokov aseguraba que los personajes de su compatriota eran neuróticos, bipolares y algunos hasta siniestramente psicopáticos. Pero lo que los hace fascinantes es que en el núcleo del alma de estos desdichados bulle el bien y el mal, la furia y la piedad, la sed de sangre y la terrible luz del amor. Quizá por eso encontramos fascinantes esta galería de seres excesivos, quizá por eso Dostoyevski es un clásico vertiginoso.
Toda tragedia representa el conflicto, que genera dolor, entre dos situaciones irreconciliables. La tragedia se origina en la ruptura del curso ideal de las cosas a causa de algo que contradice nuestros deseos. Con frecuencia es producto de una tensión entre el libre albedrío y el determinismo. A diferencia de la tragedia griega que implicaba la destrucción total cuando el héroe se enfrentaba a fuerzas implacables como los dioses o el destino, Dostoievski deja una puerta abierta a la redención, aunque siempre a través del sufrimiento. Dostoyevski era irrevocablemente cristiano y consideraba que solo se podía alcanzar la gracia tratando de entender los insondables caminos del dolor.
martes, enero 13, 2026
La balada del imperfecto imbécil
viernes, diciembre 26, 2025
La mejor imagen de la semana
Mientras cantábamos villancicos el sistema solar se precipitaba a ochenta mil Kilómetros hacia el cúmulo Globular M13 de Hércules.
Situación de calle 1
Sin que yo preguntara, un viejo amigo me confesó que repetiría su voto de las últimas elecciones. Levantó la barbilla y clavó la mirada en u...
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Edmundo de los Ríos fue uno de esos enigmáticos escritores con una obra excesivamente secreta. Tal vez eso tiñó su destino. Tal vez su te...
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En la década de 1970, Arequipa seguía siendo una hermosa ciudad plagada de cantinas. El Room Dairy , en el Portal de San Agustín, no cerraba...










