CRONICA DEL INSTANTE
jueves, septiembre 03, 2026
Misterios gozosos y dolorosos
domingo, agosto 30, 2026
Abigarrada confusión de luces y de sombras
En cierta ocasión conocí a una persona afectuosa muy admirada por su estilo, su personalidad e inteligencia. Era una de esas personas de carisma poderoso que destacan por encima de los demás. Sin embargo, con una constancia asombrosa, esta persona hacía demostraciones letales de su poder. Pronto adiviné que una modalidad del odio estaba en el centro mismo de su territorio interior.
A todos nos gusta pensar que el mal habita en otra especie. Que todos los malditos, los psicópatas, los criminales, pertenecen a una categoría aparte, separada de nosotros por un abismo biológico o moral. Nosotros, los normales, cometemos errores, sí, pero nuestras faltas son veniales, casi decorativas. El mal, se nos ocurre, es cosa de otros.
Pero basta con observar con una dosis de honestidad para sospechar que esa frontera es una ficción reconfortante. En cada ser humano yace, latente, un individuo peligroso. No es una metáfora: es una posibilidad siempre disponible, un repertorio de impulsos crueles, manipuladores, indiferentes al dolor ajeno, que conviven silenciosamente con los impulsos generosos, empáticos, luminosos. Todo lo bueno y todo lo malo prospera en el mismo territorio interior. La vida entera es, en algún sentido, una batalla librada en ese ámbito: una negociación constante entre lo que queremos enaltecer y lo que preferimos sepultar.
El error común no es tener esa oscuridad, eso es inevitable, sino creer que es solo un travieso impulso, que puede eliminarse, que en el fondo no existe. En el mejor de los casos, esos impulsos quedan inactivos, adormecidos bajo capas de educación, afecto y vertiginoso autocontrol. Pero inactivo no es lo mismo que inexistente. Confundir ambas cosas es peligroso, porque negar el lado oscuro no lo hace desaparecer: lo obliga a enmascararse, a buscar vías más sutiles, más difíciles de reconocer hasta que ya han lanzado su dardo envenenado.
Una de las figuras más inquietantes es la del psicópata que, al mismo tiempo, es una persona cariñosa, leal y generosa. No el borrascoso monstruo de las películas, sino la persona amable que un día, sin aviso, comete una vileza y de inmediato recompone el gesto, muestra su perfil entrañable. Esa alternancia es lo que desarma: la mente busca reconciliar la herida con la sonrisa y no logra hacerlo, porque ambas son genuinas. Ahí no hay actuación pura: hay, más bien, dos regiones de un mismo territorio que se turnan el mando sin que la conciencia logre integrarlas del todo.
Tendríamos que reconocer que la línea entre nosotros y "ellos" es más delgada de lo que la vanidad nos permite admitir. Aceptar que somos potencialmente unos despreciables villanos es casi insoportable. Pero la virtud no consiste en no tener oscuridad, sino en saber que la tenemos y mantener las riendas bien firmes entre las manos.
viernes, julio 10, 2026
Los prisioneros del laberinto de la egoteca
Cada persona habita en una burbuja social, un círculo íntimo que lo recuerda, lo piensa, lo mantiene vivo en su memoria cotidiana. Ese círculo es suficiente para sostener la identidad, para dar calor y pertenencia.
La fama, en cambio, amplía ese círculo hasta hacerlo irreconocible. El individuo deja de ser un rostro concreto y se convierte en una figura difusa que existe en la mente de quién sabe cuántos, de quien sabe quienes. Esa expansión genera una paradoja: cuanto más grande es el grupo que te recuerda, menos precisa es la imagen que tienen de ti. Sin embargo, esa imprecisión no resta poder; al contrario, permite que el yo se afirme, que la personalidad se exalte, en ocasiones, hasta el delirio.
En una realidad que constantemente nos recuerda nuestra insignificancia, sentirse relevante es un placer raro y poderoso y en esa medida adictivo. Necesitamos un testigo de nuestra existencia, y la relevancia, aunque sea efímera o construida en la mente de otros, funciona como un refugio contra la sensación de intrascendencia. La fama antes era un problema de pocos, la fama requería incluso un "talento" sobresaliente. Hoy cualquiera puede buscar ese "chute" de relevancia desde su teléfono. El yo se convierte en un producto que se vende por likes, lanzando una opinión incluso con faltas de ortografía. Quizá por eso tantos buscan la exposición: porque existir en la cabeza de los demás, aunque sea de manera borrosa, es una forma de resistencia contra la tristeza de no ser algo, de ser nada, de ser absolutamente nada.
El problema de la fama es que al igual que las drogas duras es terriblemente adictiva y necesita una dosis nueva en vertiginosos ciclos. Eso implica entregar la llave de tu dicha a una manada de perfectos extraños con probado comportamiento sicótico. El precio de apostar por "existir en la cabeza de los demás" es dejar de pertenecerse a uno mismo, porque la imagen que tienen de ti afecta la imagen que tienes de ti. Seguramente por eso un viejo amigo me dijo un día: Me tranquiliza ser un don nadie, que no me tomen en serio, porque de otra manera me arrastrarían a su cancha. Podría ser invitado a fiestas quizá interesantes, sí, pero yo no sé bailar la Macarena: soy el tipo que solito se jaranea.
miércoles, julio 01, 2026
Discurso con voz inflamada por los esteroides del fanatismo literario
Permítanme entonces disentir. Ni siquiera me parece necesario dar explicaciones.
Me gusta el silencio.
Así que aquí vamos a continuar con el trabajo. Por lo menos un par de textos al mes, si hay buen viento.
Si usted decide entrar, por favor apague su celular.
sábado, junio 20, 2026
Un día sí y otro también
miércoles, junio 17, 2026
A título personal
Era popularmente conocido como "Diecinueve", porque fue el último y el más alegre de los vástagos que tuvo el músico de la aldea con la hija del tabernero. Cuando llegó a las Américas, le preguntaron por su nombre.
Respondió automáticamente:
—Diciannove.
—¿Dichanove?
Él aclaró:
—Io sono il figlio…
—¿Eufilio? ¿Eufilio Chanove?
Al final quedó inscrito como Emilio Chanove. Nunca sabremos su verdadero nombre.
lunes, junio 15, 2026
Larga jornada hacia la noche
jueves, mayo 21, 2026
Estudiadamente sustanciales y perversamente frívolos
Julián estaba hundido en un sillón de cuero. Tenía el cabello de un color triste y oscuro, atado en una cola de caballo que delataba una predilección por las opciones progresistas. Sobre sus piernas, la laptop emitía un leve zumbido asmático.
Tecleaba con movimientos lentos. Pretendía escribir un ensayo sobre la ontología del chiste, esa historia corta diseñada para desencadenar una respiración explosiva.
La puerta se abrió y entró Rebeca. Su melena oscura parecía una tormenta a punto de estallar.
—¿Otra vez aquí? —soltó ella, mirando el trozo de sánguche sobre la alfombra—. Tienes un estudio al fondo del pasillo, Julián. Un cuarto entero solo para ti. ¿Por qué insistes en colonizar la sala?
Julián levantó la vista. Sus ojos, nublados por la miopía, se detuvieron en ella un segundo antes de volver a la pantalla.
—Ese cuarto es para el trabajo, Rebe —dijo con voz de barítono desgastado—. La sala es para la inspiración. Y la inspiración, como tú, suele ser altamente invasiva.
Ella no se inmutó. Se cruzó de brazos, haciendo que la seda de su blusa se tensara.
—Nos invitaron a una fiesta este sábado. Es en casa de Oliverio.
Julián soltó una risa seca.
—Ah, ese Oliverio. El eterno aspirante a todo. ¿Sigue creyendo que el mundo le debe una explicación o ya aceptó que solo es perfecto como imbécil?
—¿Y tú qué eres? ¿Un imbécil imperfecto?
Julián optó por ignorar lo que acababa de escuchar, aunque la idea se quedó flotando en su mente.
—La amabilidad es la virtud de los que no tienen nada que decir —sentenció, sin dejar de teclear—. Ese tipo tiene el carisma de un gurú de autoayuda.
Rebeca no respondió. Dio media vuelta y se dirigió a la cocina. Se oyó el fragor de los platos y el sonido metálico de los cubiertos chocando contra el granito. El ambiente en el departamento se volvió pesado. De pronto, el estallido de un plato quebró la tensión.
—¡Tenemos que ir! —gritó ella desde la cocina, con la voz distorsionada por la rabia —. ¡Ya nunca vamos a ninguna parte! ¡Te pasas el día analizando huevadas mientras aquí nos estamos pudriendo! ¡Es un reencuentro! ¿No entiendes? ¡Van a ir todos! ¡Todos! ¡No los vemos hace siglos!
Julián cerró la laptop a medias y se aclaró la garganta.
—Escucha esto —dijo, como si Rebeca no hubiese dicho nada, como si nada hubiera ocurrido, como si la escena empezase justo en ese momento—. Acabo de pulir el cierre del capítulo —Se entusiasmó—. Es el viejo chiste del bohemio. Un clásico. ¡Un verdadero clásico! —Julián miró hacia Rebeca como el director de orquesta mira a su público. Moduló la voz—: Un tipo se pasa la vida solo, de bar en bar, recorriendo las calles en una gran motocicleta. Un amigo le dice: "Búscate una buena mujer, forma una familia, sienta cabeza, porque cuando seas viejo y estés en tu lecho de muerte, vas a necesitar a alguien que te alcance un vaso de agua".
Hizo una pausa dramática. Rebeca reapareció en el umbral de la cocina, con una mano en la cadera.
—El tipo sigue el consejo —continuó Julián—. Se casa, tiene hijos, se compra un departamentito en un edificio en Mejía, para pasar los veranos. Al final, está ahí, muriéndose en una cama, rodeado de nietos. ¿Y sabes qué descubre?
—¿Qué? —preguntó ella con frialdad.
—Que no tiene sed.
Julián sonrió, satisfecho. Rebeca no movió ni un músculo. El silencio que siguió fue casi cósmico.
—Si quieres ir a ver a esos huevones, ve tú sola —soltó él, volviendo a abrir la laptop—. Algunos tenemos mejores cosas que hacer.
Rebeca le clavó una larga mirada. Parecía que iba a desaparecer, pero dio un paso adelante y dijo:
—¿Sabes lo que define a un perfecto imbécil?
Julián vaciló un instante. Tensó los músculos del cuello.
—Estoy seguro que me lo vas a decir.
—El perfecto imbécil es el que no sabe que es un perfecto imbécil.
viernes, mayo 15, 2026
Estimados ustedes
Dice que ya está harto, que sufre mucho porque se siente un absoluto extraño, alguien que los demás consideran un alien.
—¿Y de qué planeta eres? —le pregunta ella, con cáustica ironía.
—Soy del planeta Tierra. Todos ustedes son los malditos invasores.
viernes, mayo 08, 2026
Preguntas en un Mustang clásico extremadamente rojo
¿Qué libro te gustaría que lancen al fondo de tu ataúd?
¿Cuáles son los cinco días más importantes de tu existencia?
¿Si te hubieran consultado qué hubieras respondido cuando tus padres consideraron el aborto?
¿Qué significa ese espacio que ocupan tu cabeza tu tronco y tus extremidades?
¿Cuáles son las personas que más han influido en tu vida?
¿Adónde quieres ir cuando quieres ir?
¿Cuál sería el último libro que leerías en tu vida?
¿Qué tema musical sería el último que escucharías?
¿Es una comedia un drama o una tragedia ser solamente lo que eres?
¿Cómo lanzarás el novísimo catálogo de encuadres tan trillados?
¿Y qué pasa si el vacío cósmico te hipnotiza?
¿Y si la agitación emocional desfigura tu proyecto personal?
¿Qué será del concepto mecánico de la experiencia?
¿Crees que existe una manera digna de adaptarse al péndulo esquizofrénico del canon?
¿Y qué si no logras convencer a nadie con esa prudente elegancia sin colores imprudentes?
¿Piensas alguna vez que la felicidad del plural es mejor que la del singular?
¿Cuando crees que no es mentira una mentira?
¿Cuándo crees que una mentira es solo parte de una hermosa ficción imprescindible?
¿Qué te separa de esa persona que pasa frente a tu humilde morada?
¿Qué ocurre sí a la eternidad le sumas cinco minutos clavados?
¿Cuál de tus hemisferios se encenderá de pronto como un árbol de navidad?
¿Qué vas a hacer con esos pensamientos en permanente estado de rotación?
¿Crees que tu enfermedad fue siempre una obsesión ecuménica?
¿Qué contiene tu próximo instante?
¿Por qué las cosas son así y no de otra manera?
¿Qué ves cuando estás con los ojos cerrados?
¿Por qué crees que la materia tiene tanta absurda masa?
¿Qué explica el comportamiento de las partículas que componen tu universo particular?
¿Qué podría salir mal si sigues vivo otro día más?
¿A dónde vas cuando estás locamente enamorado?
¿Qué ocurre cuando te sumerges en el más absoluto plural?
¿Crees que amar es peligroso porque se corta bruscamente la cadena de frío?
¿A quién debes odiar con todo tu rojo corazón?
¿Crees que los hombres malos pueden hacer un mundo bueno?
¿Por qué dejarías todo aquello que tan trabajosamente has acumulado?
¿Por qué sale el brillante sol cada día?
¿Crees que supusieron un cambio de paradigma los labios carnosos en la cultura popular?
¿Por qué vivimos tan obsesionados con tener toda la razón?
¿Crees que tu mundo es más soleado que el mío?
¿Cuáles supones que son las virtudes del hombre común?
¿Qué piensas de mí en este preciso momento?
¿Cuál piensas que es el procedimiento para vaciar de significado a todas las palabras?
¿Quién te dijo que la vida consistía solo en correr caminar arrastrarse?
¿Crees que debe solo el diablo tener todas las mejores tonadas?
¿Tus ojos contienen la luz del tonificante sol o la de la pérfida luna?
¿El tiempo es un premio o un agobiante castigo?
¿Cuánto calculas que dura todo el tiempo cuando no eres feliz?
¿Y lo interminable también puede ser todo lo fugaz?
¿Cuánto dinero crees que es más que suficiente para salir adelante?
¿En tu humilde opinión cuál debe ser la meta de un artista?
¿Piensas que este poema es una victoria o una absoluta derrota?
¿Cómo pasarías tus últimas 24 horas en este hermoso planeta?
¿Cuáles son las cosas que antes amabas y que ahora ya no soportas?
¿Cómo crees que se puede ser idealista cuando se tiene una mirada inevitablemente penetrante?
¿El futuro tiene que inventarse o deducirse de acontecimientos ya pasados?
¿Qué tal si los extraterrestres nos consideran como tribus no contactadas?
¿Tienes alguna idea de por qué hay algo en lugar de absolutamente nada?
Ilustración: Howard Hodgkin. Bamboo.
viernes, mayo 01, 2026
Los soldados del silencio
Si hasta nuestra anatomía es un libro abierto que delata información urgente, ¿cómo entender entonces a esa tribu que llamamos «escritores»? A diferencia del resto, el escritor prefiere trabajar preferentemente sobre el artificio y las convenciones del lenguaje escrito, ese tejido gramatical creado íntegramente por el homosapiens. Algunos individuos se lanzan a la tarea de soltar opiniones y creaciones en miles de páginas, irritándonos o sorprendiéndonos con su flujo incesante. Otros, en cambio, dejan escapar apenas unos párrafos con esfuerzo agónico; textos que luego se aventuran en páginas y terminan alzándose, sudorosos, en forma de libros.
Y de pronto, se callan.
Es en ese vacío donde resuena la pregunta inevitable: ¿Esos malditos mudos qué nos ocultan, qué están siempre a punto de decir? ¿Qué es lo que nos esconden tras el muro de su impotencia? Y no sabemos si la tragedia está en que ellos no soportan el dolor de ya no poder escribir, o si lo verdaderamente trágico es que nosotros somos incapaces de descifrar el lenguaje del silencio. ¿Pero y si todos los que escribimos y escribimos solo somos peces agitándose frenéticamente fuera del agua? ¿Y qué si solo hay unas pocas palabras para decirlo todo?
Ilustración: Vasily Kandinsky.
miércoles, abril 15, 2026
La coherencia entre el ojo y el fémur
Domiciliarse en la identidad
Incuba alguna incongruencia
Sentir que los demás
Son una mutación (de uno mismo)
Los demás
Son un acto de rebeldía
Contra la perfección (del 1)
Yo
(Potencialmente)
Soy Los demás
Cada partícula (del Nosotros)
Es (potencialmente)
Todos
La diversidad
No es más que ebullición
(De lo humano)
Este universo está repleto
De (solo) un hombre y una mujer
Irradiando ese infinito
Todas las historias todos los seres
Forjados por la tensión
Entre lo centrífugo y lo centrípeto
(de Plexo Solar)
Misterios gozosos y dolorosos
Hace un par de meses recibí la visita de una entrañable amiga de la adolescencia. El tiempo la había convertido en la esposa de un médico. Y...
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En la década de 1970, Arequipa seguía siendo una hermosa ciudad plagada de cantinas. El Room Dairy , en el Portal de San Agustín, no cerraba...
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Edmundo de los Ríos fue uno de esos enigmáticos escritores con una obra excesivamente secreta. Tal vez eso tiñó su destino. Tal vez su te...

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