Cuando Pablo Neruda visitó Arequipa, su primera intención fue conocer a César Atahualpa Rodríguez Olcay. Siguiendo las indicaciones, se dirigió hasta la calle Puente Grau 406, en el Cercado, cerca de la Quinta Vargas. Al llamar a la puerta y preguntar por el poeta, una mujer le replicó: «¿De parte de quién?». «De Pablo Neruda», respondió este con una sonrisa. La mujer se hundió en el silencio de la casa. Al regresar, con rostro inexpresivo, pronunció: «Dice que no está». Sin inmutarse, Neruda respondió: «Está bien. Cuando regrese, dígale que no he venido».
sábado, febrero 14, 2026
sábado, febrero 07, 2026
Manifiesto de un anónimo poeta de 17 años
La estructura de la realidad ha comenzado a expulsar los restos del siglo XX. Los últimos bastiones flotan como barcos fantasma. Nuestras antiguas herramientas de navegación han quedado inservibles. El lenguaje que heredamos es ahora una patética interpretación simplificadora. La realidad se ha vuelto líquida, algorítmica, en franco desafío a lo antiguamente verosímil. La realidad se organiza en flujos de datos y en pantallas que deciden lo que existe y lo qué no merece nuestra atención. El poder ya no es una torre central que asediar; es una red invisible que se levanta sobre valores éticos que navegan la paradoja. Por ello, el autoritarismo ideológico y las otras lacras del espíritu no regresan con sus viejos uniformes, sino que mutan, infiltrándose a través de la fragmentación, la sensibilidad digital y la erosión de la verdad. Frente a este fenómeno, la repetición de viejas consignas es una terquedad que en la práctica se revela como una forma de rendición. La nueva era exige audacia creativa a la altura de este presente que tan velozmente se transforma en futuro. No se trata de retocar fachadas, sino de inventar una nueva caja de herramientas intelectuales que sea capaz de nombrar lo que todavía no tiene nombre. El experimentalismo de nuestros abuelos ahora es otra forma de retórica. El desafiante arte conceptual se ha diluído en ingenio, en marketing, en simple fraude. La poesía callejera, coloquial, de cantinera intensidad se ha ahogado en su vómito. Los malabaristas del lenguaje, con su presunta erudición y sus frases provocadoras, son ya sordos, ciegos, no dicen nada. Y es que solo abandonando las viejas certezas podremos habitar con dignidad la incertidumbre de este nuevo y salvaje mundo. Y aunque es cierto, estamos desconcertados y muy conscientes de nuestra insignificancia, nos queda apretar los dientes e intentar que algo de lucidez se abra paso. La manera de luchar ha cambiado, pero sigue siendo una misión urgida de heroísmo (Si nos liquidan y todo está perdido por lo menos será divertido que nuestras últimas palabras sean las tres palabras más hermosas: Te lo dije).
martes, noviembre 12, 2024
Los últimos 10 años
No sé que he hecho en los últimos diez años Lo que sí tengo claro es lo que no hice No he ganado una suma exorbitante en la lotería No he conseguido dominar el idioma italiano No he logrado convertir a mis poemas en música cristalina No he incrementado la población humana haciendo uso de mis facultades No he aprendido a bailar tondero No he ambicionado algo lo suficiente como para empezar a sentirme mal No he conseguido escribir la verdadera historia de un demonio que habita en lo profundo Pero lo peor de todo es que ni siquiera he lanzado una piedra contra un político que merecía caer
Foto: Stella Maris Barrionuevo.
viernes, noviembre 01, 2024
4799 pulsaciones por hora
¿Es el lunes un día obligatorio?
Vibra la Vía Láctea
Vibra la República del Perú
Vibran las lomas del desierto de Arequipa mientras yo aquí existo
Aturdido por cualquier impulso
Por el reflejo condicionado
Por la montaña de los clásicos
Y es así como alzo las puntiagudas orejas para captar qué me separa
de los siete pronombres personales
Qué me escinde
Y en ocasiones un repentino destello deja mi identidad en vilo
Me arrastra la disciplina de no sufrir compañía
Me sumerge
Me convierte en un ente abstracto
Estar callado me proyecta hacia el espacio exterior, hacia algún
vacío de inquietante luminosidad
Y cuando estoy todo, tan absolutamente todo, soy testigo del primer
giro de la Tierra
Soy el testigo de algo ardiendo en el siempre, en el incesantemente,
en el allá, en el por allá
Esa contemplación me induce a entender mi destino personal como
una zozobra en lo inabarcable
Esa contemplación me induce a temer todo lo que no es posible
dominar
Y desde mi agotadora discontinuidad resulta impracticable capturar
lo tan continuo
Como aquella línea que hacia la esquina se curva y se pierde
Y entonces
Aquí
Yo aquí parloteo sobre un no tiempo que valientemente existe en
alguna parte de mi frente
Mientras la fiebre me inflama
Mientras la enfermedad me obliga a fluir en cualquier incauto
acontecer
Todo justo antes de monologar de emitir de exhalar
Todo justo antes de emprender la misteriosa carpintería de este
lunes
lunes, abril 15, 2024
La herida más hermosa del mundo
El gesto de sorpresa ante el fenómeno de la existencia tiene muchas formas
¿Entre tantas opciones por qué un genio de provincias eligió la interpretación del dolor?
¿A qué se debe esa audacia magistral que humilla amplias zonas de lo razonable?
¿Por qué esa ilógica reinvención de la belleza?
La respuesta es simple: él sufría un caso grave de hiperestesia
Varios declararon incluso que solía angustiarse por el simple hecho de estar vivo
Pero sobre la faz de este planeta feroz no hay nadie que no tenga alguna herida desgarradora
Es cierto
No hubo no habrá
Pero la de César Abraham Vallejo Mendoza era una herida sobresaliente
Vallejo no sólo miraba de frente sino que también escrutaba de espaldas
Él conocía los cristos del alma
Él sabía lo que es tener marías que se van
Él tenía una idea de la técnica para cocinar águila al vino
Cuando él pensaba en el pasado no pensaba en el pasado
Él estaba en el pasado
Y él se lanzaba de lleno hacia el futuro con su bien planchado traje gris
Y él llegaba hasta demasiado allá hasta bien allá hasta donde estamos todos los demás
Pero lo más importante es que el buen Vallejo había sido bendecido por un poderoso procesador integrado en lo más hondo
El poeta recibía todos los datos salvajes y algo daba vueltas vertiginosamente en su enorme cabeza
Y saltaban esos versos inauditos directo a la estremecida página en blanco
Y mientras ocurría todo eso él comía incluso un pan recién salido del horno
¿Pero por qué un pobre tipo de un pueblo remoto ostentaba una prodigiosa herida en este redondo planeta tierra?
Sabe Dios
Pero la herida de César Vallejo era una herida que se alojaba en una tremenda coordenada
Era una herida que estaba en el núcleo mismo de todo lo que se agita
Por eso
Porque esa herida producía el gran dolor
Un dolor parecido a la secreta y absoluta jaqueca
Un intenso dolor en el gran hueso fidedigno
Un dolor en ese órgano vital que se enciende demasiado
Un dolor que florece por allá en toda la extensión del terrible acaso
Un dolor que obliga a vibrar a todas las vocales
Un patético sentimiento tan absolutamente fascinante que hasta hace destellar el dorso de una lágrima
viernes, enero 12, 2024
Las palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces
Yo estaba justamente aquí
Desde aquí cualquiera es capaz de pensar y de descubrir
Tengo aproximadamente 26 años y no sé con exactitud cómo llegué
hasta aquí
Suelo preguntarles a ellas por si ellas saben algo
Miré por la ventana y era yo precisamente
Qué hermoso soy cuando cabalgo sobre un caballo negro
Te divisé, a lo lejos, trotando sobre tu caballo blanco
Qué hermosa eres trotando sobre tu caballo blanco
Aquella pareja que ves a lo lejos somos nosotros
Ella tiene un cuello largo y hermoso y el jinete prefiere morder ese
cuello suavemente
Saltábamos sobre los arbustos olorosos con pasión
Las sombras de las nubes transformaban las realidad a cada
instante y
¡Oh!
Nosotros rodamos como dos dementes
Era nítido tu cuerpo desnudo y especialmente tus senos
No me canso de gozar con tus caderas blancas con tus caderas
blancas
Una y otra vez torpe como hace tal vez 10,000 mil años
De pronto lo conseguí
Una y otra vez
Una punta de mi cuerpo estaba en una rendija de tu cuerpo
Soy solo una punta de mi cuerpo
Soy solo una piedra atravesando el espacio
Todo desaparece
Fin fin
Todo desaparece
Pero hace falta levantar la cara para divisar tu rostro perfectamente
definido
Estamos sobre sábanas
Hay una almohada
Más allá están nuestras viejas ropas en desorden
¿Yo que siempre estuve vestido, cómo es que estoy desnudo?
(Quiero quedarme en una explosión para siempre)
Pero luego, mira, esa pareja que cabalga allá lejos somos nosotros
Atacan los indios
Hemos de cazar para proveernos de alimentos
Molestan los insectos
Los caballos se agotan y larga es la carretera
Amada mía, amada mía, es difícil amarse en medio de tanto ruido
de El Héroe y su Relación con la Heroína (1983)
jueves, enero 11, 2024
¡Hum!
Lo que importa es cómo lanzas la pregunta
Yo la cagué
Todos los días de mi vida insistí
¿Quién soy yo?
Una y otra vez
Con los ojos cerrados
Con los brazos estúpidamente desplegados
Pero ahora pregunto
¿Quién mierda eres tú?
Fotografía: Landon Nordeman
martes, enero 09, 2024
Bloody bastards
La forma de hacer la pregunta es lo que determina toda una existencia
Yo fui responsable de una formulación inadecuada
Cada día he repetido
¿Quien es ese que soy yo?
Sin cesar
Con la mirada perdida
Con los brazos abiertos siguiendo una implacable línea recta
Pero ahora yo señalo
¿Quiénes son ustedes?
miércoles, enero 03, 2024
El asunto más importante
Cómo plantear la pregunta correctamente
Es lo que define toda una vida
Yo cometí un error
Todos los días he repetido
¿Quién soy yo?
Una y otra vez
Con los ojos cerrados
Con los brazos extendidos en directa paralela al horizonte
Pero ahora yo pregunto
You talkin' to me?
miércoles, diciembre 20, 2023
Test para comprobar si un poema es bueno
El proceso de escribir poesía es equivalente a la técnica del pedernal
Sustantivos, verbos y adjetivos interactúan entre sí formando versos
Los versos interactúan entre sí lanzando chispas
Exactamente como el pedernal contra la yesca
Si no surge una llama de fuego el poema no es bueno
Si el resplandor no es duradero el poema no es excelente
viernes, diciembre 08, 2023
¿Quién les dijo que la vida consistía solo en arrastrarse por la vida?
sábado, septiembre 16, 2023
¿De dónde vienen los poemas? (Bilingue)
Los poemas acechan en toda la circunferencia en el hambre en el deseo
Los poemas yacen en el tibio escondite del ropero
Los poemas acechan entre el ruinoso mobiliario en las conversaciones casualmente registradas en los siete continentes en las rutas del país entero en el mar en el aire en la tierra
Los poemas acechan en las páginas arrancadas con furor en las noticias de ayer de hoy y de siempre en los fragmentos subrayados en los destellos de la TV en el impagable slogan que se repite y se repite y se repite
Los poemas flotan en las corrientes de aire
Los poemas se alzan como nubes radioactivas
Los poemas están silbando en el viento
Y las palabras y las frases surcan los mares antes de alojarse en el lecho de la arena
Y se elevan los tantos lugares comunes antes de caer tachados hasta la siguiente temporada
¿Cuántos años puede repetirse una mentira antes de que sea lavada por los camiones termonebulizadores?
¿Cuántos años puede vivir la retórica vigente antes de que se le permita deslizarse hacia el fondo de una tesis académica?
¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza y no ver lo que ha visto?
DE ONDE VÊM OS POEMAS?
Traducción: Mauricio Maldonado
Os poemas espreitam quando ela mergulha sua cabeleira em litros
e litros de água cristalina
Os poemas espreitam na fome no desejo em toda uma
circunferência
Os poemas repousam na morna toca do armário
Os poemas espreitam entre a barulhenta mobília nas
conversas casualmente registradas nos sete continentes
nas rotas do país inteiro no mar no ar na terra
Os poemas espreitam nas páginas arrancadas com furor nas
notícias de ontem de hoje e de sempre nos fragmentos
sublinhados nos lampejos da TV no impagável slogan que
se repete se repete se repete
Os poemas flutuam nas correntezas de ar
Os poemas se levantam como nuvens radioativas
Os poemas estão assobiando no vento
E as palavras e as frases rasgam os mares antes de ajeitar-se
no leito de areia
E se elevam os tantos lugares comuns antes de serem riscados
até a próxima temporada
Por quantos anos pode ser repetida uma mentira até ser lavada
pelos caminhões termonebulizadores?
Quantos anos pode viver a retórica vigente até que lhe seja
permitido deslizar-se no fundo de uma tese acadêmica?
Quantas vezes pode um homem virar a cabeça e não ver o
que já viu?
Ilustración: Rashid Johnston
martes, septiembre 12, 2023
Retrato del más trágico escritor mexicano
Jorge Cuesta se aplicaba dosis de ácido tartárico y hasta ergotina
Su frente amplia y su mentón adelantado no tenían deuda con nadie
Su cárcel molecular había sido abolida
La maldición de la inteligencia y el microscopio se daban cita en Jorge Cuesta
Irradiaba como el radium
Este escritor se hacía presente porque peligrosamente irradiaba como el radium
Era además ventrílocuo de sí mismo
Nunca se sabía de dónde venía esa voz
Caminaba con la medida matemática de un compás
Caminaba sin doblar las rodillas
Caminaba acarreando células que no encajaban
Jorge Cuesta había sido fabricado con una industrial cantidad de tristeza petrificada
Y cosa extraña
Justo al atardecer el peso de su cráneo pesaba más que su pobre cráneo mexicano
miércoles, agosto 16, 2023
Poema principalmente divertido
Puedes apostar tus calcetines a que la hora de la verdad te encontrará a la hora exacta
La hora de la verdad nos acecha con su reloj pulsera
La hora de la verdad prefiere aparecer en la fiesta cuando ya nadie la espera
Estás ahí, disfrutando de tu sagrada hora de procrastinación
Cuando de repente
¡Boom!
La hora de la verdad te golpea en la cara como un pastel de crema
No te escondas debajo de las sábanas
No apagues el celular
No finjas una gripe repentina
La hora de la verdad, esa pequeña zorra, es una virtuosa de la puntualidad
sábado, abril 15, 2023
40 años después
El héroe y su relación con la heroína es un libro escrito por un poeta joven. En la recopilación o compendio de animales fabulosos, en el bestiario universal de seres imaginarios, se debería incluir a los poetas jóvenes. Porque la experiencia de ser un poeta joven se parece al hábito de corporizar un personaje de ficción. La aleación entre ser joven y ser poeta es portentosa porque la juventud es un motor a chorro y la poesía es un vehículo que arremete en el territorio de la realidad. La diferencia del trabajo de la poesía con el de otras disciplinas como la filosofía, es que la poesía usa algo más que la simple inteligencia. Como dice Joyce, si puedes poner los cinco dedos a través de ella es una verja, si no, una puerta.
Han pasado cuarenta años. Lo primero que se me viene a la mente es una cierta curiosidad por ese que escribió estos poemas. Me desconcierta cuando me dicen que aquel individuo fui yo. Ese personaje se inventaba a sí mismo antes del desayuno, vivía en permanente estado de exaltación, y parecía sentir una irresistible fascinación por el exceso. Me parece verlo subiendo por la cuesta hacia la plaza de armas con su obra completa bajo el brazo. Sin la menor consideración se ponía de pie y leía en voz muy alta, atrincherado en su resistente casaca verde, aquellos versos de animal eternamente adolescente. Y su leal auditorio eran seguramente los mismos, gente que tenía la descarada ilusión de una vida llena de genuínos adjetivos calificativos. ¿Pero cómo escribió estos poemas? Si se puede confiar en mis recuerdos, creo que los escribió mientras hacía otra cosa. Por ejemplo, Las palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces, salió de un tirón, mientras hacía una larga cola en la compañía de teléfonos. El Homenaje a Guillermo Mercado fue una travesura mientras estudiaba inglés en una academia de la calle Ayacucho, aburrido ya de tanto I like tomato soup. Eran tiempos un poco locos -como todos los tiempos- en los que nuestro personaje tenía una novia que gastaba uniforme único y a la que visitaba cada tarde. Todos sus amigos eran unos ácratas que no sabían que serían ácratas solo por un día, un muy largo día. En aquellos tiempos el pisco era la bebida oficial y nacional y en consecuencia solía estar algo adulterada. Nuestro joven poeta surgía en noches de cuarto menguante con otro joven poeta y, con balde y brocha gorda, pintaban consignas divertidas en los hermosos muros de su ciudad natal. Y de esa manera gastaban las horas, como si la eternidad fuera parte de la rutina. Y por supuesto el tipo devoraba libros de todos los tamaños. Y tomaba notas en unas tarjetas de cartulina de alto gramaje. Y su rojo cuaderno espiralado exhibía signos evidentes del trato abusivo. Y en todos los rincones escuchaba una y otra vez a Bowie en un tocacaset del tamaño de un ladrillo. Y ahora, después de estos infinitos cuarenta años, tengo entendido que nuestro personaje deambula ya solo por los laberínticos pasadizos de su casa, buscando siempre nuevas formas de desentrañar lo insondable de todo lunes.
martes, noviembre 16, 2021
El mimeógrafo, el Far West y el Puente del Diablo
Por Charo Núñez Brito
Recuerdo que conocí a Oswaldo una buena noche del verano de 1976, en casa del poeta mayor José Ruiz Rosas. Estaba sentado Oswaldo, vestido de azul marino, con una copa y algo más (indescifrable) entre las manos. Era muy joven, parecía flotar, pero a todas luces ya se podía ver que contenía infinidad de preguntas (ecuaciones) de todos los colores, (entonces) a medio responder. Y tenía ya la misma media sonrisa conspiradora. En otras palabras (casi) igualito a hoy.
Generoso como siempre, don Pepe había invitado esa noche, con motivo del cierre de un curso para profesores de Literatura que había concluido ese día. Tal curso fue dedicado a los locales profesores de literatura y fue dictado por importantes profesores de Literatura llegados todos desde afuera de la ciudad, entre ellos estaban Antonio Cornejo Polar, Washington Delgado y Antonio Cisneros. Yo no era profesora de literatura ni de nada, apenas había empezado a estudiar medicina en la Universidad San Agustín. Pero por cosas del destino y por razones de ociosidad, ya que mi universidad estaba una vez más de huelga general e indefinida, me anoté y atendí tal curso para profesores en calidad de falsa maestra o estudiante clandestina. El curso duró un par de brillantes semanas y como para coronar ese extraordinario tiempo, sin saber cómo ni por qué o por similares sinrazones, el día final, acepté jubilosa una muy elegante invitación del poeta Cisneros a almorzar. Y almorzamos en la entonces novísima y muy cosmopolita Pizzería de la calle Mercaderes, pero en verdad más que almorzar hablamos sin cesar, de todo lo vivido y por vivir. Al almuerzo le siguieron una caminata y unos postres y unos tés en el café de la Suiza al cual Toño nombró el Far West y a los tés les siguieron unas guindas con pisco (primeros licores de mi parte) y después de las guindas la urgencia de Toño de asistir a la tertulia en casa del entrañable (y para mi desconocido) Pepe, ya mismo, esa noche. Entonces corrimos y llegamos a la bella casa de la calle Villalba 426. Yo en calidad de inocente paracaidista o reverenda intrusa caída del palto, pero eso sí traída de la mano del muy alto Toño, quien era el invitado de honor. Nunca en mi vida había estado yo en medio de tan peculiar y amable compañía, de tantos poetas juntos. Casi todos vestidos de colores oscuros, subrayó Toño.
Felizmente no tuve que hablar, todos me acogieron como si fuera una más de la partida, nadie me preguntó nada y pude darme el gusto de permanecer muda. Hasta que, misma cenicienta, al notar el avance de la noche (oscura) pregunte ¿y ahora cómo vuelvo a casa? Algunos se miraron entre ellos. No respondieron. Ninguno tenía apuro, ni se preocupaba en lo más mínimo por la transportación. Se hizo un pozo de silencio, penumbroso, en mi corazón. Pero no duró mucho, ya que, desde algún rincón inesperado, cuál ángel guardián (o exterminador) Oswaldo se levantó y dijo yo los llevo, ¡a donde quieran! Puedo ver todavía al joven artista muy avispado al volante de un automóvil sedán del cual no recuerdo la marca, a su lado iba de copiloto el codirector de la revista Roña, y estoy segura éramos varios más, pero fue él, Oswaldo, también llamado el mago de Oz, el que de entre todos los poetas me devolvió sana y salva, entre risas, despedidas y muy dichosa comarca, hasta la mismísima puerta de mi casa (donde mis padres me esperaban despiertos, aterrados).
Alonso no estuvo presente esa noche. Poco tiempo después me enteré que Alonso existía y que se había perdido el evento por haber estado en Puno, en misión de carnaval y entrevistando a la Virgen de la Candelaria. Alonso apareció por primera vez en mi horizonte, una tarde tocando la puerta con muy particular ímpetu y trayéndome cuál embajador de los países fríos, un encargo, unas flores y unas disculpas en nombre del novelista Edmundo de los Ríos quien se había portado muy mal los días anteriores. Una vez medio aceptadas las disculpas procedimos, Alonso y yo, a caminar a pie charlando de todo lo humano y lo divino desde la casa de mis padres que quedaba al final de la avenida del ejército, pasando el puente del diablo, hasta la Plaza de Armas, y procedimos a tomar algo en el Far West. Alonso tenía los ojos enormes, el pelo largo, una irreverente y a la vez ceremonial actitud que encubría una inteligencia aguda, portentosa, resbaladiza, peligrosa, de niño bravo y al mismo tiempo de anciano socarrón, que a su escasa edad había vuelto ya de dar la vuelta al mundo y tenía miles de ideas, proyectos y más viajes por plasmar, además de unos cuantos nuevos poemas bajo el brazo siempre, reposando junto a sus muy queridas y bien despiertas musas. No solo todo eso tenía Alonso, sino además un vozarrón que llenaba las calles vacías de nuestra gran ciudad con las notas y las líricas de la Marcha de Moran o el himno de la Alegría en las noches de ronda. Era, para más datos, el mejor amigo de Oswaldo, y viceversa. Por donde andaba uno solía aparecer el otro.
A Misael Ramos lo conocí aparte. Al otro lado del espectro entre la ciencia y la metafísica. En plena facultad de medicina. Un día cualquiera de clases en el que cuál yo había tenido sumergida la nariz en Formol por largas horas buscando el nervio vago y el plexo solar (y el alma) en los fondos de mí designado cadáver. A la salida de tan encomiable como insulsa práctica, tras las puertas del anfiteatro de anatomía, me interceptó como un aparecido o un resucitado silente, pálido, muy delgado, aunque en comparación a mi experiencia anterior, lleno de vida, Misael Ramos. Se presentó y pasó de inmediato a informarme que habíamos ganado los juegos florales de poesía de la facultad. Los dos. Yo el primer puesto y él el segundo puesto. Y que como yo no había asistido a la ceremonia de entrega de los premios, él había tenido que recibir ambos premios y me traía el mío. Muy merecido me dijo. Y solemnemente me hizo entrega del primer premio, que era un libro: ‘Así se templó el acero’ de Nikolai Ostrovsky… Yo ya lo había leído, pero igual me alegré y una vez cumplidos los agradecimientos procedimos los dos premiados a caminar a pie desde la Facultad de Medicina hasta el Far West. Hablando de todas las injusticias, de todas las intrigas del espacio y de la relatividad coyuntural del tiempo.
Para entonces ya los dos, Oswaldo y Alonso, más el recién premiado Misael, poseían intenciones de fundar y publicar una revista de poesía propia. Una revista, que a diferencia de otras, no cargará manifiestos literarios, fuera libre de toda trampa, sin argucias, ni sesgos ni venias a movimientos ni escuelas ningunas, sin fundamentalismo de grupo, ni agenda ni presunciones ni nada más que la destilada verdad, la valentía, la belleza desnuda del lenguaje, una revista arco flecha dardo vehículo que lleve lejos no a los poetas si no a los poemas. Y tenían, Oswaldo, Alonso y Misael, todo lo necesario para hacerlo ya mismo: la ilusión, el mimeógrafo, el nombre, el formato, el día en que saldría a luz, todo listo, solo les faltaba dinero para el papel. Ahí es donde cuál cirujana intervine y con una filosa mentira, a mi padre le dije que necesitaba comprar urgente un libro más de medicina, otro, de texto, sin el cual sería imposible avanzar, mi padre cedió. Y así conseguí y traje el dinero en efectivo. No sé en qué exacto lugar fue que nos reunimos, pero sí que Misael se puso de pie, calló, me pagó con un muy leve asentimiento de cabeza y una mirada profunda, interminable. Alonso se echó a andar, a dar vueltas como un místico iluminado, se detuvo por un instante y proclamó que cada quién defendería a muerte sus propios textos para incluirlos en el escaso espacio del Ómnibus. Oswaldo registró cada detalle, respiro hondo, cuadro los anchos hombros, torció el cuello, extendió completa la sonrisa y sacudió un puño hacia el infinito.
martes, diciembre 01, 2020
jueves, septiembre 10, 2020
La piedra, el gorrión y el espejo
lunes, agosto 24, 2020
La piedra la rosa y el zapato de Martín Adán
Nada inquieta más a la gente que la gente rara. Nada incomoda más que una piedra desigual entre las iguales. De los grandes poetas peruanos sin duda Martín Adán fue el más radical en su apuesta de vida. Su desmesurado interés por el pisco con vermut, su traje de casimir inglés perfectamente mugriento y su 40 años voluntariamente domiciliado en un manicomio se sumaron al cultísimo delirio sagrado de su poesía. Su leyenda prendió temprano porque su obra más exitosa la escribió a los 16 años, cuando aún gozaba de los privilegios de su extracción social. Pocas cosas resultan más irresistibles para cierto público que un príncipe que opta por el destino de un desastrado vagabundo.
Si bien Martín Adán se mantiene firme en la primera fila de la poesía peruana, su obra no es particularmente popular. Los lectores adoran los versos citables y, hay que decirlo, este poeta se dejó tentar muy pocas veces por el verso de confortable belleza. José Luis Bustamante y Rivero, expresidente y viejo amigo, explicaba a los aturdidos: La poesía de Martín Adán no es para leerla sino para rezarla.
Con frecuencia se menciona a Martín Adán como un ejemplo de entrega absoluta. Se admira que a pesar de su inteligencia y sus títulos universitarios se haya negado a ubicarse en una posición solvente. Esta perspectiva es reveladoramente insustancial. El mérito por el que se mide a un poeta son sus logros, la calidad de sus obras, no el empeño o el colorido anecdotario. Leyendo la obra de Martín Adán es fácil advertir que fue un poeta dotado de un talento arrollador que hubiese sobrevivido incluso a la rutina del Banco Agrario.
Cuando un gran autor se convierte en personaje se produce una distorsión en la lectura de la obra. A los poetas malditos, engendros del romanticismo, se le exige ser personajes trágicos, se les reclama que diariamente ofrezcan el holocausto de su propia vida, que escandalicen con sus ocurrencias y que, en calidad de interpósita persona, desafíen a todo lo doméstico. Se supone que esta inmolación es necesaria para que el genio haga acto de presencia. Pero esa es solo una comprensible equivocación sobre algo levemente más complicado.
De las cosas que definen la poesía hay dos situaciones bastante elementales pero terriblemente poderosas. En primer lugar está el interlocutor válido. Cuando Martín Adán se expresa no se dirige a una persona común y corriente, no a un crítico o intelectual calificado, ni siquiera a alguien tan especial como él. El auditorio de este poeta puede perfectamente calzar en cualquier cosa: digamos una rosa o una piedra, o tal vez mejor, una emblemática ruina arqueológica. Incluso cuando la agraciada argentina Cecilia Paschero lo obliga a responder a una pregunta él se dirige a ella como a un ente genérico: “literata”, le dice. Todo escritor hace un ejercicio de abstracción al componer a su interlocutor válido, pero pocos han llegado tan lejos como Martín Adán. Ese método, impersonal, atmosférico, metafísico, esa manera de hablar con los ojos cerrados crea un efecto sobrecogedor. Hace que el sentido de su obra no sea lo que dice sino lo que resuena. Como todo gran poeta Martín Adán dice sin decir, llena de sentido la frontera exterior de cada verso. Martín Adán formula una gran pregunta que, en su núcleo, activa una contradicción: ¿Qué sabes tú de lo que no sabes? La segunda cosa que suele definir el tipo de material que se llama poesía es el lugar donde se ubica el emisor, la plataforma que se usa, la coordenada exacta del escenario. Lo que se dice lanzando frases con los brazos abiertos frente a un amplio auditorio es muy diferente a lo que se murmura con la boca torcida sobre una mesa mojada, o a lo que se grita en una habitación completamente oscura. Si atendemos a su biografía, Martín Adán tomó una decisión interesante (o no pudo evitar lanzarse hacia esa dirección): abandonó el perfecto casillero de la gran promesa de la literatura peruana para desplazarse hacia un rincón donde la respetabilidad podría ser torturada por un juego de luces y de sombras. ¿Qué buscaba? El situarse en la posición de un marginal para desarrollar una obra altamente sofisticada implicaba tácitamente otra contradicción. Tal vez para trascender las limitaciones de lo específico tenía que proyectar su vida, lo único que tenía, hacia una zona de bordes borroneados. Solo así su mensaje se aproximaría a la tonalidad que estaba buscando. Proyectada de esta manera y desde ese lugar sus palabras perfectamente buriladas se astillarían contra los muros de algún templo profano. Y entonces el lector -ese ser que a veces existe- podría de pronto vislumbrar con embriagante intensidad el perfil estremecedor de Algo, y experimentaría así, ese extraño sentimiento que surge cuando uno contempla asombrado lo que yace detrás de eso que creemos saber una y otra vez.
lunes, agosto 17, 2020
Monumento al poeta desconocido
En
miles de años la especie humana ha consagrado de manera indeleble a
10 vates
Tal vez 12
Para producir esos bardos la máquina de la poesía ha tragado toneladas y toneladas de poetas de bardos de puntillosos contadores de sílabas
Las trincheras de la poesía están repletas de huesos descoloridos
Los proclamados por sus parroquias los aclamados por sus ciudades los coronados por sus países
Los pocos miles que recibieron diplomas han desaparecido inexplicablemente
Solo tuvieron unas pocas décadas para disfrutar de la euforia
Y solo se necesitaron unas pocas décadas para que el poeta laureado se desplace hacia el fondo hacia la zona de sombra
Y ahora todos casi todos son alimento para extraños académicos para bruscos eruditos para nadie para los ratones para el pescadito de plata para el polvo
¿Pero por qué hay tanto poeta?
Tal vez son imprescindibles un millón de versos malogrados para que germine una simple rosa ecuménica de poesía
Tal vez la representación de un destino fallido la angustia de ser uno de los condenados es la más alta expresión poética de lo humano
Tal vez lo que importa no son esos 10 o 12 poetas sino el momento en que un perfecto desconocido termina un verso y por un efímero instante sospecha que tal vez él ha llegado que tal vez él ha alcanzado que tal vez él se ha convertido
Tal vez el misterio de la poesía está simplemente en la caligrafía en las emociones fuertes en la peculiar postura a la hora de escribir y esos 10 o 12 poetas son sólo un extraño accidente uno de esos inverosímiles eventos una de esas historias que todos estamos obligados a creer
¿De parte de quién?
Cuando Pablo Neruda visitó Arequipa, su primera intención fue conocer a César Atahualpa Rodríguez Olcay. Siguiendo las indicaciones, se diri...
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A pocos metros de la calle Puente Bolognesi, entrando al antiguo callejón del Solar, quedaba la picantería El Gato Negro. Fue la primera p...
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Edmundo de los Ríos fue uno de esos enigmáticos escritores con una obra excesivamente secreta. Tal vez eso tiñó su destino. Tal vez su te...
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En la década de 1970, Arequipa seguía siendo una hermosa ciudad plagada de cantinas. El Room Dairy , en el Portal de San Agustín, no cerraba...


















