A los treinta me tocó
amar a una mujer que por coincidencia también me amaba bastante. Siempre
estábamos a la caza de momentos perfectos.
Era un día azul y soleado en la playa de Mollendo. Teníamos música. Un sauvignon
blanc Santa Emiliana muy frío. Teníamos queso y jamón. La estrella era, sin embargo, un
salmón ahumado que ubicamos en una mesa baja, a un costado. Brindamos una y
otra vez y cuando, hambrientos, buscamos el pescado, notamos que, justo ahí, un
maldito perro callejero se relamía radiante. Vacilamos sólo un instante antes
de soltar la carcajada. Después de todo los tres éramos completamente felices.
miércoles, diciembre 20, 2017
La mejor imagen de la semana
Mientras cantábamos villancicos el sistema solar se precipitaba a ochenta mil Kilómetros hacia el cúmulo Globular M13 de Hércules.
-
A pocos metros de la calle Puente Bolognesi, entrando al antiguo callejón del Solar, quedaba la picantería El Gato Negro. Fue la primera p...
-
Edmundo de los Ríos fue uno de esos enigmáticos escritores con una obra excesivamente secreta. Tal vez eso tiñó su destino. Tal vez su te...
-
En la década de 1970, Arequipa seguía siendo una hermosa ciudad plagada de cantinas. El Room Dairy , en el Portal de San Agustín, no cerraba...
