Cuando Pablo Neruda visitó Arequipa, su primera intención fue conocer a César Atahualpa Rodríguez Olcay. Siguiendo las indicaciones, se dirigió hasta la calle Puente Grau 406, en el Cercado, cerca de la Quinta Vargas. Al llamar a la puerta y preguntar por el poeta, una mujer le replicó: «¿De parte de quién?». «De Pablo Neruda», respondió este con una sonrisa. La mujer se hundió en el silencio de la casa. Al regresar, con rostro inexpresivo, pronunció: «Dice que no está». Sin inmutarse, Neruda respondió: «Está bien. Cuando regrese, dígale que no he venido».
Estudiadamente sustanciales y perversamente frívolos
El polvo bailaba en los rayos de luz que filtraba la persiana. Había libros por las esquinas formando torres tambaleantes, incluso uno de T...
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En la década de 1970, Arequipa seguía siendo una hermosa ciudad plagada de cantinas. El Room Dairy , en el Portal de San Agustín, no cerraba...
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A pocos metros de la calle Puente Bolognesi, entrando al antiguo callejón del Solar, quedaba la picantería El Gato Negro. Fue la primera p...
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Edmundo de los Ríos fue uno de esos enigmáticos escritores con una obra excesivamente secreta. Tal vez eso tiñó su destino. Tal vez su te...
