jueves, mayo 21, 2026

Estudiadamente sustanciales y perversamente frívolos


 El polvo bailaba en los rayos de luz que filtraba la persiana. El departamento olía a papel viejo y a eso que emanan los que alegan que el pensamiento puro es muy importante. Había libros por las esquinas formando torres tambaleantes, incluso uno de Taschen yacía abnegadamente bajo un gran jarro de café.

Julián estaba hundido en un sillón de cuero. Tenía el cabello de un color triste y oscuro, atado en una cola de caballo que delataba una predilección por las opciones progresistas. Sobre sus piernas, la laptop emitía un leve zumbido asmático.

Tecleaba con movimientos lentos. Pretendía escribir un ensayo sobre la ontología del chiste, esa historia corta diseñada para desencadenar una respiración explosiva. 

La puerta se abrió y entró Rebeca. Su melena oscura parecía una tormenta a punto de estallar.  

—¿Otra vez aquí? —soltó ella, mirando el trozo de sánguche sobre la alfombra—. Tienes un estudio al fondo del pasillo, Julián. Un cuarto entero solo para ti. ¿Por qué insistes en colonizar la sala?

Julián levantó la vista. Sus ojos, nublados por la miopía, se detuvieron en ella un segundo antes de volver a la pantalla.

—Ese cuarto es para el trabajo, Rebe —dijo con voz de barítono desgastado—. La sala es para la inspiración. Y la inspiración, como tú, suele ser altamente invasiva.

Ella no se inmutó. Se cruzó de brazos, haciendo que la seda de su blusa se tensara.

—Nos invitaron a una fiesta este sábado. Es en casa de Oliverio.

Julián soltó una risa seca.

—Ah, ese Oliverio. El eterno aspirante a todo. ¿Sigue creyendo que el mundo le debe una explicación o ya aceptó que solo es perfecto como imbécil?

—¿Y tú qué eres? ¿Un imbécil imperfecto?

Julián optó por ignorar lo que acababa de escuchar, aunque la idea se quedó flotando en su mente.

—La amabilidad es la virtud de los que no tienen nada que decir —sentenció, sin dejar de teclear—. Ese tipo tiene el carisma de un gurú de autoayuda.

Rebeca no respondió. Dio media vuelta y se dirigió a la cocina. Se oyó el fragor de los platos y el sonido metálico de los cubiertos chocando contra el granito. El ambiente en el departamento se volvió pesado. De pronto, el estallido de un plato quebró la tensión. 

—¡Tenemos que ir! —gritó ella desde la cocina, con la voz distorsionada por la rabia —. ¡Ya nunca vamos a ninguna parte! ¡Te pasas el día analizando huevadas mientras aquí nos estamos pudriendo! ¡Es un reencuentro! ¿No entiendes? ¡Van a ir todos! ¡Todos! ¡No los vemos hace siglos! 

Julián cerró la laptop a medias y se aclaró la garganta.

—Escucha esto —dijo, como si Rebeca no hubiese dicho nada, como si nada hubiera ocurrido, como si la escena empezase justo en ese momento—. Acabo de pulir el cierre del capítulo —Se entusiasmó—. Es el viejo chiste del bohemio. Un clásico. ¡Un verdadero clásico! —Julián miró hacia Rebeca como el director de orquesta mira a su público. Moduló la voz—: Un tipo se pasa la vida solo, de bar en bar, recorriendo las calles en una gran motocicleta. Un amigo le dice: "Búscate una buena mujer, forma una familia, sienta cabeza, porque cuando seas viejo y estés en tu lecho de muerte, vas a necesitar a alguien que te alcance un vaso de agua".

Hizo una pausa dramática. Rebeca reapareció en el umbral de la cocina, con una mano en la cadera.

—El tipo sigue el consejo —continuó Julián—. Se casa, tiene hijos, se compra un departamento en un edificio frente a la playa. Al final, está ahí, muriéndose en una cama rodeado de nietos. ¿Y sabes qué descubre?

—¿Qué? —preguntó ella con frialdad.

—Que no tiene sed.

Julián sonrió, satisfecho. Rebeca no movió ni un músculo. El silencio que siguió fue casi cósmico.

—Si quieres ir a ver a esos huevones, ve tú sola —soltó él, volviendo a abrir la laptop—. Algunos tenemos mejores cosas que hacer.

Rebeca le clavó una larga mirada. Parecía que iba a desaparecer, pero dio un paso adelante y dijo:

—¿Sabes lo que define a un perfecto imbécil?

Julián vaciló un instante. Tensó los músculos del cuello. 

—Estoy seguro que me lo vas a decir.

—El perfecto imbécil es el que no sabe que es un perfecto imbécil.

Ilustración: Giorgio de Chirico. El genio malvado de un rey.

viernes, mayo 15, 2026

Estimados ustedes


 Dice que ya está harto, que sufre mucho porque se siente un absoluto extraño, alguien que los demás consideran un alien.

—¿Y de qué planeta eres? —le pregunta ella, con cáustica ironía.

—Soy del planeta Tierra. Todos ustedes son los malditos invasores.

Ilustración: Alexander Calder. Planetas radiantes.

viernes, mayo 08, 2026

Preguntas en un Mustang clásico extremadamente rojo

¿Qué libro te gustaría que lancen al fondo de  tu ataúd?

¿Cuáles son los cinco días más importantes de tu existencia?

¿Si te hubieran consultado qué hubieras respondido cuando tus padres consideraron el aborto?

¿Qué significa ese espacio que ocupan tu cabeza tu tronco y tus extremidades? 

¿Cuáles son las personas que más han influido en tu vida?

¿Adónde quieres ir cuando quieres ir?

¿Cuál sería el último libro que leerías en tu vida?

¿Qué tema musical sería el último que escucharías?

¿Es una comedia un drama o una tragedia ser solamente lo que eres?

¿Cómo lanzarás el novísimo catálogo de encuadres tan trillados?

¿Y qué pasa si el vacío cósmico te hipnotiza?

¿Y si la agitación emocional desfigura tu proyecto personal?

¿Qué será del concepto mecánico de la experiencia?

¿Crees que existe una manera digna de adaptarse al péndulo esquizofrénico del canon?

¿Y qué si no logras convencer a nadie con esa prudente elegancia sin colores imprudentes?

¿Piensas alguna vez que la felicidad del plural es mejor que la del singular?

¿Cuando crees que no es mentira una mentira? 

¿Cuándo crees que una mentira es solo parte de una hermosa ficción imprescindible?

¿Qué te separa de esa persona que pasa frente a tu humilde morada?

¿Qué ocurre sí a la eternidad le sumas cinco minutos clavados?

¿Cuál de tus hemisferios se encenderá de pronto como un árbol de navidad?

¿Qué vas a hacer con esos pensamientos en permanente estado de rotación?

¿Crees que tu enfermedad fue siempre una obsesión ecuménica? 

¿Qué contiene tu próximo instante?

¿Por qué las cosas son así y no de otra manera?

¿Qué ves cuando estás con los ojos cerrados?

¿Por qué crees que la materia tiene tanta absurda masa?

¿Qué explica el comportamiento de las partículas que componen tu universo particular?

¿Qué podría salir mal si sigues vivo otro día más?

¿A dónde vas cuando estás locamente enamorado? 

¿Qué ocurre cuando te sumerges en el más absoluto plural?

¿Crees que amar es peligroso porque se corta bruscamente la cadena de frío?

¿A quién debes odiar con todo tu rojo corazón?

¿Crees que los hombres malos pueden hacer un mundo bueno?

¿Por qué dejarías todo aquello
 que tan trabajosamente has acumulado?

¿Por qué sale el brillante sol cada día?

¿Crees que supusieron un cambio de paradigma los labios carnosos en la cultura popular?

¿Por qué vivimos tan obsesionados con tener toda la razón?

¿Crees que tu mundo es más soleado que el mío?

¿Cuáles supones que son las virtudes del hombre común?

¿Qué piensas de mí en este preciso momento?

¿Cuál piensas que es el procedimiento para vaciar de significado a todas las palabras?

¿Quién te dijo que la vida consistía solo en correr caminar arrastrarse? 

¿Crees que debe solo el diablo tener todas las mejores tonadas?

¿Tus ojos contienen la luz del tonificante sol o la de la pérfida luna?

¿El tiempo es un premio o un agobiante castigo? 

¿Cuánto calculas que dura todo el tiempo cuando no eres feliz? 

¿Y lo interminable también puede ser todo lo fugaz? 

¿Cuánto dinero crees que es más que suficiente para salir adelante? 

¿En tu humilde opinión cuál debe ser la meta de un artista?

¿Piensas que este poema es una victoria o una absoluta derrota?

¿Cómo pasarías tus últimas 24 horas en este hermoso planeta?

¿Cuáles son las cosas que antes amabas y que ahora ya no soportas?

¿Cómo crees que se puede ser idealista cuando se tiene una mirada inevitablemente penetrante?

¿El futuro tiene que inventarse o deducirse de acontecimientos ya pasados?

¿Qué tal si los extraterrestres nos consideran como tribus no contactadas?

¿Tienes alguna idea de por qué hay algo en lugar de absolutamente nada? 

Ilustración: Howard Hodgkin. Bamboo.

viernes, mayo 01, 2026

Los soldados del silencio


 Un fascinante misterio es el escritor que escribe, pero uno mucho mayor es aquel que no escribe. Es cierto que, de una u otra manera, todos estamos condenados a la expresión; lo hacemos a través de los múltiples lenguajes que el cuerpo ofrece de manera natural. Se dice, por ejemplo, que en el fondo de los ojos yace un manuscrito que indica el sendero hacia el fondo del alma. Incluso es bien sabido que las comisuras caídas de una boca pueden ser un mensaje rabiosamente expresivo. Sin embargo es la nariz la que encierra el código inesperado: una guía central sobre asuntos que trascienden la belleza, un mensaje que ni los más avanzados criptógrafos logran descifrar, aunque su impacto sea verdaderamente abismal. 

Si hasta nuestra anatomía es un libro abierto que delata información urgente, ¿cómo entender entonces a esa tribu que llamamos «escritores»? A diferencia del resto, el escritor prefiere trabajar preferentemente sobre el artificio y las convenciones del lenguaje escrito, ese tejido gramatical creado íntegramente por el homosapiens. Algunos individuos se lanzan a la tarea de soltar opiniones y creaciones en miles de páginas, irritándonos o sorprendiéndonos con su flujo incesante. Otros, en cambio, dejan escapar apenas unos párrafos con esfuerzo agónico; textos que luego se aventuran en páginas y terminan alzándose, sudorosos, en forma de libros.

Y de pronto, se callan.

Es en ese vacío donde resuena la pregunta inevitable: ¿Esos malditos mudos qué nos ocultan, qué están siempre a punto de decir? ¿Qué es lo que nos esconden tras el muro de su impotencia? Y no sabemos si la tragedia está en que ellos no soportan el dolor de ya no poder escribir, o si lo verdaderamente trágico es que nosotros somos incapaces de descifrar el lenguaje del silencio. ¿Pero y si todos los que escribimos y escribimos solo somos peces agitándose frenéticamente fuera del agua? ¿Y qué si solo hay unas pocas palabras para decirlo todo? 

Ilustración: Vasily Kandinsky.


Estudiadamente sustanciales y perversamente frívolos

 El polvo bailaba en los rayos de luz que filtraba la persiana. El departamento olía a papel viejo y a eso que emanan los que alegan que el ...