miércoles, noviembre 12, 2025
Mensaje lanzado al oleaje del humor vítreo
Ayer por la mañana abrí los ojos y descubrí unos garabatos en un extremo de mi ojo izquierdo. Fui al oculista y me aseguró que esos fantasmales mosquitos son frecuentes en muchachos muy envejecidos por el implacable paso de siete décadas. Que no me preocupe, que el astuto cerebro aprenderá a ignorarlos. Le mostré mi sonrisa, pero yo sé muy bien como trabaja esa gente. He regresado a mi departamento y he estado toda la noche muy atento. Los garabatos están tomando forma. Quizá pugnen por formar una palabra urgente. ¿Quién piensa en mí mientras los demás duermen?
martes, noviembre 11, 2025
Yo sé que es tu idea, pero fue mi idea usar tu idea
sábado, octubre 25, 2025
Antologías
domingo, octubre 19, 2025
10
1)Rilke afirma que todo poeta joven tiene que preguntarse si puede vivir sin escribir. El poeta tiene que preguntarse si tiene algo que decir. El poeta tiene que preguntarse si eso que tiene que decir exige imperativamente ser pronunciado.
2)Leer es una forma superior de estar vivo. Leer libros polvorientos y leer los sucesos que se experimentan cada día, cada hora, cada minuto. El universo, desde la perspectiva humana, es un universo de signos. El poeta dedica toda su vida a leer y a procesar. El destilado de esas intensas lecturas es el poema.
3)Para que el joven poeta pueda escribir lo que urgentemente necesita decir, es imprescindible que se arme con un buen arsenal de recursos estilísticos. Es fundamental que se ejercite como un atleta. Sin recursos expresivos especializados, el poema urgente nunca podrá alcanzar suficiente potencia de fuego.
4)Un elemento clave que con frecuencia se descuida es el diseño del interlocutor válido. A menudo, los poetas eligen a su interlocutor entre aquellos que se encuentran en un rango demasiado limitado de kilómetros a la redonda. Esto produce un efecto contradictorio: si bien satisface algo nutritivo para el ego hambriento, al final la obra se ve perjudicada, ya que estos interlocutores con demasiada frecuencia tienen una agenda extraliteraria. Por eso, lo ideal es que cada poeta joven diseñe a su interlocutor válido de acuerdo con su ambición. Es un diseño delicado, porque si el interlocutor es demasiado exigente puede provocar frustración e incluso parálisis creativa. En cambio, si el interlocutor es demasiado indulgente, las posibilidades del joven poeta se estancan.
5)El poema no se escribe, el poema se corrige. Corregir es el momento decisivo en toda creación. Hay que aprender a renunciar a aquello que, aunque esté bellamente redactado, no aporta nada sustancial. Lo que sobra no solo no aumenta la calidad, sino que reduce el valor del texto en su conjunto. El arte de corregir implica someter al poema a exigentes pruebas de resistencia. También conlleva la sabiduría para saber cuándo apagar la maquinaria y largarse a otro lugar. Es un trabajo delicado, porque se lucha por no perder la frescura de la primera versión y, al mismo tiempo, se realiza una labor de artífice que pretende nada menos que crear el poema más hermoso del mundo.
6)La búsqueda de la autenticidad está relacionada con la búsqueda de la verdad. La verdad es importante para todos, pero el poeta orienta su búsqueda desde lo más profundo de sí mismo. Y al ser esta una búsqueda que atraviesa la jungla de la subjetividad, el poeta debe aprender a instrumentalizar elementos de la ficción literaria: lo inventado, lo inexacto, lo que no es real. Ser auténtico para un poeta es navegar incluso en la impostura sin convertirse en un farsante.
7)La poesía no intenta reflejar la realidad. La poesía pretende interpretar el alma del poeta. Es el alma del poeta la que refleja la realidad. La poesía es un asunto personal.
8)El proceso de escribir poesía es equivalente a la técnica del pedernal y la yesca. Sustantivos, verbos y adjetivos calificativos interactúan formando versos que a su vez interactúan entre sí, generando chispas como el pedernal y el acero. Si se produce fuego en la yesca (que es la imaginación del lector), el poema es bueno. Si el resplandor es duradero, el poema es excelente.
9)Codiciar la fama provoca una grave perversión en el desarrollo del poeta joven. La recompensa esencial está en el momento de la creación: ese espacio de tiempo en el que las palabras van formando eso llamado poema, que es más que una suma de palabras, que quizá es un conjuro, que tal vez es solo un hálito esencial de vida. Y eso, que normalmente ocurre en la más absoluta soledad, resulta una gratificación más que suficiente. Quienes esperen algo más deberían dedicarse profesionalmente a ser poetas laureados.
10)Como es de conocimiento público, el instante en que surge un gran poema es más poderoso que el amor eterno.
jueves, octubre 16, 2025
Este interminable fin de semana perdido
viernes, octubre 03, 2025
La muerte de Washington Cuba Castro
miércoles, octubre 01, 2025
Centro de Gravedad Permanente
domingo, septiembre 14, 2025
Siete libros
Son demasiados los libros que me han resultado fascinantes y, con el tiempo, he olvidado. Pero hay algunos que en su momento me impactaron profundamente y que permanecen grabados en mi memoria.
El primero fue Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. Lo leí cuando era tan pequeño que entraba en la caja de la ventana de aquella casona de sillar, durante unas vacaciones de fin de año. Nunca lo he vuelto a leer, quizá por temor a la decepción, pero aún recuerdo la exaltación de esa primera lectura. La experiencia de diseñar y construir un universo propio a partir del desamparo transmite una euforia vitalista. Robinson Crusoe inventa una ajustada civilización para una sola persona.
El segundo lugar lo ocupa Homero, con La Ilíada y La Odisea. En especial La Ilíada, con sus adjetivaciones deslumbrantes, la violencia narrada con una elegancia increíble y ese salvajismo de extraña belleza. Fue el primer libro que subrayé con avidez. Más allá de su estilo, lo esencial en Homero es la exploración de valores universales: el honor, el destino, la ira, la gloria, la mortalidad. Pero quizá lo que más me impresionó fue su visión del destino, tan caprichoso e inapelable.
En tercer lugar, Los ríos profundos, de José María Arguedas. Una novela conmovedora y hermosa, aunque también dolorosa. Arguedas sabe exactamente dónde está la llaga del Perú. Su conexión con la naturaleza y la espiritualidad andina alcanza una expresión literaria extraordinaria. Pienso que Arguedas y Vallejo son como mineros enfrentándose a la montaña enigmática de lo peruano.
Vargas Llosa, en cambio, explora quizá zonas menos telúricas de nuestra identidad. A mí me fascinó La casa verde. No me atrevería a asegurar que es su mejor novela, pero sí la que más me atrapó. Su admirable dinamismo, la plasticidad estilística y el juego entre dos bloques temporales lograron trasladarme, en cuerpo y alma, a ese universo. Hay novelas que destacan simplemente por sus ideas o por el prodigioso manejo del lenguaje; otras, en cambio, encuentran su mayor virtud en su capacidad de hechizar. La casa verde es una obra inmersiva en la que uno llega a sentir incluso el hedor de sus personajes.
En quinto lugar recuerdo El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger. La primera vez lo leí en una traducción argentina titulada El cazador oculto, que me parecía más sugestiva. Hace poco lo releí en la versión original. Su protagonista es una joya literaria: lleno de contradicciones que, si no fueran tan divertidas, resultarían irritantes. Para los adolescentes, volverse adulto equivale a claudicar; saben que los mayores somos seres ridículos y farsantes. Este libro captura con maestría ese feroz desconcierto, ese fuego interior que desborda.
Después está Ulises, de James Joyce. Lo leí muy joven, en un invierno frío y húmedo, en una casa de playa. Me sorprendió lo cómico que podía ser, pese a su fama de difícil. Es, en cierto modo, una novela escrita por un poeta: hace uso de recursos propios de la poesía. Si un realista busca representar la vida cotidiana con fidelidad, Joyce es quizá el más auténtico de los realistas, pues retrata el proceso mental humano, con su flujo errático y su tendencia a rozar el desvarío. Su método de creación es la divagación controlada. Muchos se sienten atraídos por Joyce debido a su estilo experimental. Sin embargo, pienso que su verdadero valor no radica únicamente en su estilo, sino en su mirada única y profunda sobre la realidad, que se despliega en sus epifanías. Para expresar esta visión necesitaba desarrollar un lenguaje acorde con las complejidades de la mente humana, lo que convierte su estilo experimental en una herramienta inseparable de su mirada.
En séptimo lugar, El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Una obra preciosa, con una prosa admirable. Narra la vida de un noble siciliano al final de sus días, atrapado en la tormenta sociopolítica de la unificación italiana. Leyéndolo, sentí que la melancolía puede ser una forma hermosa de estar triste. También disfruté la película de Luchino Visconti, con la inolvidable Claudia Cardinale. La miniserie de Netflix, en cambio, me pareció más épica que lírica. Más allá de sus virtudes literarias, la vigencia de esta novela está en mostrarnos a un hombre atrapado entre dos épocas históricas.
jueves, septiembre 04, 2025
Los terribles otros
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