Felicia dejó la copa sobre la mesa. El vino, pálido, tembló un instante. Nadie hablaba; el aire estaba cargado de perfume.
—¿Saben cuál es el músculo más fuerte del cuerpo humano?
No esperó respuesta.
—La lengua.
La lámpara proyectaba una luz dorada sobre los hombros de Maritza, que ya había inclinado la cabeza hacia el rectángulo luminoso de su teléfono. Sus dedos se movían con asombrosa velocidad.
—No —dijo—. Anatómicamente, no. El cuádriceps femoral, que se encuentra en la parte frontal del muslo, es considerado el músculo más fuerte del cuerpo humano.
Pronunció “cuádriceps femoral” con satisfacción.
Dorotea soltó una risa que ascendió en pequeñas burbujas.
—Siempre Maritza —dijo.
Felicia se inclinó hacia adelante, como si compartiera una confidencia.
—La lengua es el músculo más fuerte —insistió.
Oliver, desde el fondo del sofá, dejó escapar un “obvio” que cayó pesado, como una moneda en un vaso vacío.
Felicia tomó de nuevo su copa. Bebió sin prisa, los ojos entornados, el gesto casi devoto. Cerrando los ojos y alzando la nariz dijo:
-Y Google es un presuntuoso hijo de puta que lo sabe todo, lástima que no sepa nada más.
Todos concedieron una leve sonrisa y llevaron sus copas a los labios.
Afuera, un automóvil pasó arrastrando su música como un rumor ajeno.
Foto de Arthur Sasse.
