martes, octubre 30, 2012


¿Cómo se puede distinguir a un poeta de un loco? Lucía, la hija de James Joyce, tenía la certeza que ella era la verdadera genio de la familia, que eso se sabría pronto. Ambos tenían mentes poderosas y oceánicas, según Jung, pero el problema estaba en que mientras James nadaba, buceaba, Lucía se hundía hacia el fondo (del manicomio). 
Ilustración: Nino Migliori. El Buzo.

viernes, octubre 26, 2012


Su reino era de este mundo y también del vuestro


¿De dónde son los poetas? Una buena respuesta la dio César Moro: “Mi reino es de este mundo, más no del vuestro”. Pero el Toño Cisneros siempre le hacía ascos a eso de las frases, de los versos preciosos. No perdía oportunidad de aclarar que no hay nada más huachafo que andar haciéndose el especial. El Toño aseguraba (desafiante) que tenía los pies bien puestos en este mundo. Se burlaba de los “sagrados” caminos para encontrar “la belleza”. Un día incluso afirmó que la poesía no era el centro de su vida, que había otras muchas cosas (más y mejores). Y así una obra jubilosamente irreverente contra la retórica poética tuvo decisiva influencia en la retórica poética de varias generaciones de la literatura peruana. Claro que la magia, eso que llena de (autentica) originalidad a los poemas, es siempre personal e intransferible.
El factor común entre los poetas parece ser el egocentrismo y la laboriosa edificación de un universo paralelo. No estoy seguro que el Toño haya sido más egocéntrico que los demás (como se afirma), pero si me parece digno de atención el hecho de que no le interesara para nada disimular el asunto. Resultaba incluso divertido en su conchuda inmodestia. ¿Había construido el Toño su propio cosmos, un sitio que de facto lo obligaba a ser algo extraterrestre? Seguro, no creo que se pueda ser poeta sin tener esa habilidad. Pero a diferencia de la mayor parte de los coleguitas el Toño detestaba empollar en sus confines y se inmiscuía sin asco en los universos ajenos. Los que lo querían consideraban eso su particular estilo de desplegar una exuberante vitalidad, su manera de eliminar distancias y estar realmente presente. Los que no lo soportaban sentían seguramente que era un tipo impertinente e intrusivo. Él probablemente se decía a sí mismo que ya que estaba en posesión de una inteligencia tan ágil no resultaba saludable contrariar la compulsión de ejercitarla a cada rato.  Sin embargo detrás de esa parafernalia de hombre “con calle” uno podía adivinar que estaba el otro, el que era adicto al cariño de sus amigos, el que podía atreverse a lo ridículo, el inexplicable, el que transformaba todo ese estupendo ingenio tan ostentosamente terrenal en radiante poesía. Sí, en poesía, y sí, en algo exactamente refulgente. 

martes, octubre 09, 2012

Premio Guggenheim



Con los miles de dólares del premio Guggenheim Federico Peralta Ramos estaba obligado a realizar una obra artística. De preferencia una obra maestra. Se comunicó con un sastre y encargó trajes para 25 de sus conocidos (entres amigos y enemigos). La comida fue en el hotel Alvear, un lugar sublimemente dispendioso. La factura fue luego enmarcada para su eventual exhibición (y adquisición).

jueves, octubre 04, 2012

Bonito, todo me parece bonito


La belleza es el enemigo de la expresión. Eso fue lo que dijo el notable violinista Christian Tetzlaff a un grupo de estudiantes. Supongo que se refería a que el preciosismo satura la oreja y no permite explorar zonas más hondas de la topografía del alma. Hace un par de días volví a ver “El árbol de la vida”, la aclamada película de Terrence Malick, y la cosa estuvo clara: tanto caramelo para el ojo no le hace bien al ojo. A pesar de que ese film tiene una ambición que conecta el drama íntimo con la conflagración cósmica el abuso de imágenes de axiomática belleza nos retrasa, nos empantana, nos impide alcanzar la trascendental meta perseguida. El final, en particular, resulta emético en su aparatosa espiritualidad. 

Ilustración: Irving Penn - Miyake Sunglasse. Lars Hall collection.

miércoles, octubre 03, 2012


Salgo a la calle y hay calle. Me echo a pensar y hay siempre pensamiento. Esto es desesperante. (César Vallejo. Contra el secreto profesional)

martes, octubre 02, 2012

Cabello de Ángel




Se ha comprobado que el olor de la santidad es una mezcla de membrillo y rosa. Por alguna razón tendemos a asegurar que no hay nada más exactamente dulce que la repostería de las monjas. Su castidad y sus vínculos con todo lo celestial es seguramente el misterioso ingrediente que hace más aéreo a todo ese trigo y a toda esa miel. Pero el toque mágico es la insospechada aparición del humor entre esos muros de clausura. Porque francamente hay que estar marcado por una cierta sonrisa para bautizar a una empanada de hojaldre rellena con crema pastelera como “Barriga de monja”, o llamar “Huesos de santo” a unas varitas de almendras y azúcar. La receta de las “Virutas de San José” y del “Flan de cerezas de la Ascensión” debe haber sido producto de una gozosa revelación. Mención aparte merecen los benditos “Pingüinos”. En Arequipa los monasterios de Santa Catalina y Santa Teresa son los que desde tiempos virreinales desarrollaron esta tradición que se remonta hasta la Europa de la Edad Media.
Ilustración: cocina del Monasterio de Santa Teresa en Arequipa.