viernes, abril 17, 2009

Qué bonito que te va cuando te va bonito


La felicidad es el bien más preciado. Lo curioso es que la idea que los seres humanos tenemos de nosotros mismos es algo taciturna (por decirlo elegantemente). Casi todos los grandes personajes del cine y la literatura son seres cuya belleza radica en su condena. Hay pocos, muy pocos héroes gozosos. Es más, los que suelen desplegar sin vergüenza los signos exteriores de la dicha generalmente son caracterizados como almas con escasa capacidad de introspección. O, ya en el clímax, presentan su verdadero rostro: el payaso con la ardiente lagrimilla.
Por eso es que resulta del todo inusual la película Happy-go-lucky, del inglés Mike Leigh (que acaba de salir en DVD). Trata de una chica que avanza con actitud risueña entre gente a la ofensiva/defensiva. Es una mujer que no parece haber sido corroída ni por la desesperanza ni por el llanto. Y que cuando alguien le asegura que su vida apesta, ella piensa un segundo. Soy Feliz, dice. Mike Leigh ha reunido a lo largo de su larga carrera una colección de gente casi desagradable, y es por eso que resulta particularmente interesante esta incursión en el tema del optimismo. Poppy, la enferma de crónica felicidad, hace intenso contraste especialmente con Johnny, el atormentado protagonista de su galardonada Naked (1993), una de las más radicales puestas en escena de una hemorragia existencial.
Pero Happy-go-lucky demuestra que Leigh no es uno de esos cínico desencantados que pueblan la literatura y el cine, sino un idealista con el corazón roto. Porque su indagación pone en evidencia principalmente una genuina curiosidad por los que poseen el gen del regocijo. Y la idea que emerge al final es que es que la felicidad es un fenómeno misterioso (para los no contaminados). Si bien es cierto que la flacuchenta (Sally Hawkins) inflamada por una luz interior genera fascinación, también, inevitablemente, quita a su paso la máscara a todo lo erróneo en el mundo de los escasos en serotonina. Pero por suerte la perspectiva de Leigh es contraria a las cintas “inspiradoras”. No predica. Y resulta claro que la protagonista no ha llegado a ese estadio gracias a algún método infalible de superación personal. Es feliz porque es feliz. Y nosotros vemos el espectáculo con sorpresa (pero también picados). ¿La felicidad es una forma de locura? ¿Qué es la felicidad? La más frecuente respuesta está asociada al amor romántico. Cuando se deja de ser (únicamente) la dolorosa mitad de una naranja todo resplandece. Pero ya todos sabemos que ese tipo de felicidad dura máximo siete años. La segunda (en popularidad) de las “felicidades” es la que tiene algo que ver con engordar el ego, con ambición, con acumulación, con posesión. Sexo, estatus, riqueza, poder, apetito etc. Esta forma es curiosamente parecida a la gratificación que concede la droga o el trastorno obsesivo compulsivo: es insaciable y nos condena a una nerviosa voracidad. La tercera felicidad es la de los que han logrado controlar el peligro. Es decir aquellos que han puesto a la prudencia como lema. Pero esos (en caso que se animen a hacer declaraciones) solo pueden afirmar que no son infelices. La cuarta es la de los héroes, esos a los que se les ha metido en la cabeza que cumplen una misión. El problema para estos es que vuelan muy bien, pero cuando tocan tierra son bastante lamentables. La quinta es la que es la que en el fondo todo el mundo cree que es la verdadera. La felicidad de los místicos. Pero bueno, para eso habría que privarse de pecar por lo menos siete veces al día.
Foto: Manuel Álvarez Bravo (Mexico 1902-2002)