lunes, diciembre 11, 2017

La felina

Una gata furiosa obligó a su dueño a llamar a emergencia. El serenazgo se vio forzado a pedir refuerzos. La gata fue finalmente reubicada  en un lugar no especificado. Pero el dueño tuvo que ser atendido por un colegiado médico. Justo antes de renunciar definitivamente a la propiedad de su amada.
Ilustración: Robert Sitka.

viernes, diciembre 08, 2017

Thriller



Leí un libro y noté con angustia que al final se descubre que yo liquidé a alguien. Que borré mis huellas. Que arrojé a las aguas del río la barra de acero. ¿Pero quién mierda era esa atormentada persona a la que ayudé a llegar a su imprescindible final?
Ilustración: Anders Osterlin.

miércoles, diciembre 06, 2017

Precisamente


Antes de ser ahorcado pronunció sus últimas palabras. “Chavelita, espérame, muy pronto volveré a tenerte entre mis brazos”. El ardor de su alocución conmovió a la multitud. Nadie recordó que Raymundo Rosales había sido convicto por, precisamente, despachar de 43  cuchilladas a la tal Isabel Contreras.

lunes, diciembre 04, 2017

Endemoniadamente bella

Ella era una mujer que provocaba desesperadas plegarias. Yo, desolado, murmuré: Cuando te conocí pensé que eras un ángel. Los hermosos ojos de ella echaban fuego cuando chilló: ¡Sí soy un ángel!
Ilustración: Terry Richardson

miércoles, noviembre 29, 2017

Provincias








 Tomaban café en un local tradicional de la plaza de armas del Cuzco. El poeta invitado al coloquio encendió un cigarrillo e instantáneamente apareció el mozo: Está prohibido fumar. El poeta replicó: Dígame cuánto es la multa y tráigame un cenicero. El mozo regresó con el cenicero y sentenció: Usted debe ser arequipeño ¿no?

sábado, octubre 21, 2017

Claro de luna




Alce la nariz y miré como se expandía la noche sobre mi cabeza. El cielo con todas sus estrellas y  todas sus lunas y todos sus trozos de material radioactivo. Observé como lo inmenso se encogía y estallaba contra la superficie de mi frente.

Ilustración: F. K.

sábado, octubre 14, 2017

Pisco con Nectarín


Era una de esos escritores que suelen llegar a Arequipa. Estábamos en El Cráter, tomando pisco. Un desconocido, en la mesa de a lado, le dijo que baje el volumen, que no dejaba conversar. Entonces la gran promesa de la poesía peruana esgrimió la frase más famosa del mundo: ¿Sabes con quien estás hablando? El de la mesa de al lado lo miró con rostro inexpresivo. Claro, respondió, estoy hablando con un borracho.

Ilustración: Jonathan Meese.

jueves, octubre 12, 2017

Muerte de Felipe Santiago Salaverry




A los veintitrés Felipe Santiago Salaverry se batió contra el sublevado coronel Huavique. Le clavó el florete justo en el  ombligo, con tal profundidad que la tropa pudo ver la punta por la base de la espalda. Más tarde, un día que estaba de un humor de perros, fusiló en el Callao al general Francisco Valle Riestra. En cambio, luego de derrotar en Uchumayo a un brioso Ballivián, le envió un heraldo nombrándolo comandante. Tiempo después, antes de morir, le escribió a Juana Pérez. Te he querido cuanto se puede querer y llevo a la eternidad el pesar profundo de no haberte hecho feliz. Preferí el bien de mi patria al de mi familia, y al cabo no me han permitido hacer ni uno ni otro. Durante su gobierno argumentó que en la organización de las sociedades el traje, aunque de por sí muy accidental, influye sobremanera en la consideración que merecen las autoridades. Enfrentó al pelotón vestido con casaca azul, sencilla, de paño, con el cuello celeste. Poco antes de la primera descarga se dirigió a la multitud arequipeña, que lo observaba sin simpatía. Peruanos, americanos, hombres todos del universo, dijo. Protesto ante mis compatriotas, ante la América, ante la historia y ante posteridad remota. El jefe del escuadrón dio la orden de fuego. Y cayeron todos menos Salaverry, que entonces alzó los brazos gritando: ¡La ley me ampara! Pero un sujeto que no estaba en el pelotón (y cuyo nombre nunca fue revelado), apuntó un fusil con alevosía. Por decreto del 12 de marzo de 1846 Castilla ordenó que la casaca fuera consignada al Museo Nacional por toda la eternidad.