jueves, febrero 14, 2008

Yo no era humano


Yo no era humano. ¿En qué momento me convertí en humano? Un día, por misteriosos designios aún no suficientemente estudiados, empezó un proceso de decantación en la tabla de los elementos naturales que puso en marcha ese motorcito zumbador que es mi vida. En la planta de ensamblaje se juntaron la exacta porción de cromosomas y yo estuve algo de tiempo flotando en líquidos nutrientes, en medio de burbujas, en medio de materia grasa de un terrible matiz anaranjado. No puedo asegurar que entendiese el concierto de Albinoni (que mi madre escuchaba todos los días con la intención de convocar en mí la buena vibra), pero cuando ella se tomaba una copita de anís, a mí me alcanzaba la electricidad. Yo era sólo un ser vivo en formación como cualquier otro. Como un tigre. Como una rata. Como un ave. Es cierto que ya cargaba un paquete completo de instrucciones. Entre esas ecuaciones, claro, anidaba también la contribución de mis antepasados. Pero yo aún no era un humano. ¿Acaso el pelo que contiene el ADN de un criminal es un humano? ¿Pero entonces cuándo empecé a ser ese humano que se dedica a vagar por las tortuosas calles de Arequipa? Eso ocurrió algunos segundos después que emitiera el primer grito.