lunes, enero 21, 2013

La persistencia



Por alguna absurda razón una de las obsesiones de la especie humana es la inmortalidad. Ser uno mismo siempre uno mismo. Pero para todo ser medianamente equilibrado es evidente que esa aspiración pertenece al territorio de la fantasía. Todo lo que nace tiene que morir, esa es la implacable ley de la naturaleza. Pero por desgracia parece que ya no podemos estar seguros de nada. En un artículo publicado el 28 de noviembre del presente año en el prestigioso New York Times se nos informa que hay seres inmortales y, lo peor, que estos comparten el mismo universo que nosotros. Esta especie, conocida por los científicos como Turritopsis dohrnii, es una malagua que se niega a morir. Al alcanzar la edad del declive final da marcha atrás e inicia un proceso que la hace cada vez más joven hasta que llega a su fase más temprana de desarrollo, en cuyo punto reinicia otro ciclo de vida. El biólogo marino japonés Shin Kubota señala: "Una vez que determinemos cómo se rejuvenecen estas malaguas  estaremos en condiciones de lograr grandes cosas. Mi opinión es que vamos a evolucionar y convertirnos en inmortales. "
Ilustración: Piet Mondrian. Composition.

miércoles, enero 16, 2013


Escribir y escribir

¿La  creación artística es solo un método de conocimiento? ¿La creación artística es solo un método de ser (y de estar)? ¿El sentido de la literatura es exorcizar el caos? ¿El sentido de la creación artística es solo parte del oleaje del universo? ¿La creación artística es (estricta) consecuencia del flujo activado por el furor ígneo de la posibilidad? ¿La creación artística no es más que la humana modalidad de esa fuerza que obliga a la materia a retorcerse en sus caprichosas variables? ¿La creación artística es un (intenso) estado de conciencia altamente codificado? ¿La creación artística es parte (objetiva) de la realidad objetiva? ¿La conciencia (mecanografiada) de un evento físico afecta (objetivamente) ese evento?


martes, enero 08, 2013


Mañana mismo

Los muertos no están tan muertos como solemos creer. Estamos hechos de muertos. La clave que explica el rostro que poseemos es algo heredado a través no solo de la genética, sino de la conciencia colectiva, de la interpretación de lo pasado. Tendemos a creer que cuando nuestra generación se ubica en el centro de la acción de lo contemporáneo hemos alcanzado la consagración. El culto a la celebridad es una perversión en el sentido en que su conexión con los supuestos logros extraordinarios se ha hecho tenue y, en algunos casos, es producto de una trampa, de un truco, de una mistificación. Los escritores que confesamente escriben para la posteridad son vistos como seres trasnochados y patéticos. En nuestro mundo el instante es lo que importa y la posteridad es algo que no tiene nada que ofrecer a alguien tan físico, tan terrenal, tan inmediatista como el hombre contemporáneo. Hacer las cosas para la posteridad suele ser interpretado como una actitud de estúpida vanidad. Pero la esencia de intentar realizarse con la conciencia de la posteridad da amplitud al proyecto personal. En el fondo es colocar nuestro trabajo en un contexto verdaderamente realista. La actitud que anima nuestro trabajo es decisiva sobre la calidad de este. Un trabajo atento a la perspectiva histórica será más verídico, más hondo, porque a pesar de su estridencia el presente es solo la punta del enorme iceberg de lo real. Dado que el interlocutor válido es el que define la calidad del discurso si uno se dirige a un transeúnte accidental se expresará de una manera apurada. En cambio si uno se dirige a un jurado que calificará su ponencia, tendrá que calibrar cuidadosamente cada una de sus palabras. ¿Pero si uno se dirige a un auditorio cuya existencia es un tanto relativa, ya que la mayor parte de sus miembros aún no han nacido? ¿Cómo modula su elocuencia? Seguramente será cuidadoso de no apelar a soluciones de rápido impacto. Seguramente tratará de apelar a lo puramente circunstancial tratando de revelar sus disonancias, de denunciar su colorido coyuntural, de hacer la conexión de eso tan del presente con lo otro, con lo que pertenece al mundo de los muertos o de los aún no existentes.  Sin embargo si bien lo coyuntural, lo inmediatista, puede neutralizar la profundidad del creador, esto es el signo de lo contemporáneo y puede y debe ser un tema atacado por un artista. Un caso llamativo es el insólito documental Exit Through the Gift Shop realizado por el británico Banksy, que se hizo famoso como grafitero, pero que con esta reflexión sobre el carácter fetichista del arte demuestra cómo se puede hacer algo trascendente con lo intrascendente.
Ilustración: Ben Sandler.

viernes, enero 04, 2013


Una opinión no apunta a la verdad sino a actuar sobre la realidad.


Dicen que en determinado momento algo le pasó a la materia bruta y se convirtió en materia orgánica: empezó a ensayar cambios sobre sí mismo, se sintió lascivamente impulsada a reproducirse, a mantenerse encendida. Pero el verdadero milagro ocurrió cuando dentro de esa máquina apareció un fantasma que empezó a interpretar todo lo que había alrededor. Interpretar es (para nosotros los humanos) sinónimo de ficcionalizar. La dinámica de lo humano se sostiene en su capacidad de ficcionalizar. Solo existimos todo lo que nos permite nuestra imaginación. Y por alguna extraña razón nuestra máxima ambición es inventar la eternidad.
Ilustración: Alexander Calder. Two spheres.