jueves, septiembre 26, 2013


Actos de ventriloquia

(por O. Ch.) Publicado en Hueso Húmero 61. Lima 2013

Sería deseable que el pobre querido Tom tuviese más agallas y menos necesidad de dejar caer gota a gota cada una de sus agonizantes perplejidades, anotó Virginia Woolf[1]
Bertrand Russell estaba seguro que T. S. Eliot carecía de la insistente pasión imprescindible para ser alguien
Los médicos enarcaron las cejas, diagnosticaron abulia
El departamento era ruidoso
No había plata, nada
No podía seguir. No podían seguir. Nadie podía seguir[2]
Cada incidente cotidiano era una aventura en los círculos del infierno
(T. S. Eliot gruñía)


T. S. Eliot alguna vez definió su libro como una pieza rítmica de quejas
Un destilado estilístico de un mal matrimonio
Al terminar pidió una opinión
Complimenti, you bitch, le contestó el viejo Pound
Los innovadores de la primera mitad del siglo XX trabajaban todo tipo de vísceras con diabólica elegancia
T. S. Eliot fraguó una neurótica relación entre lo que presenta el que habla y lo que cree percibir el lector[3]
Un nerviosismo que se versifica alterando registros tonales
Un ejercicio de ritmo, de síncope, como un objeto soliviantado que apunta hacia la ventana
T. S. Eliot capturó algo ajeno y lo reconfiguró
P. R. Picasso manoseó máscaras africanas
J. A. Joyce implantó La Odisea como espina dorsal
Los huesos de lo viejo eran escandalosamente legibles bajo el pellejo de lo novísimo[4]


No hay libertad, no hay libertad en el arte, advirtió Eliot en 1917
Se refería a que las expectativas tiranizan el campo formal
Cuando una persona agarra un poema espera que pueda leerse como un poema
El producto de vanguardia deforma, desfigura, retuerce, distorsiona
Manipula lo extraviado
Pero el texto de vanguardia nunca abandona por completo las convenciones. Sin la forma estamos perdidos en una constelación de decisiones[5]
Las viejas estructuras condicionan la respuesta al poema inédito
Pero el más interesante de los fenómenos ocurre cuando algo nuevo transforma sin remedio todo lo anterior. Después de Prufrock, el infierno de Dante es otro infierno de Dante
Ligeramente otro


Con La tierra baldía T. S. Eliot se aproximó escandalosamente a los límites de la técnica
Fue acusado de plagiario
La tierra baldía es un collage de alusiones, de citas, de ecos, de apropiaciones, de pastiches, de imitaciones, de actos de ventriloquia. Usa siete idiomas, incluyendo el sanscrito. Termina con páginas de notas[6]
Cuando Joyce le envió los últimos capítulos de su Ulises Eliot contestó: No tengo nada más que admiración. Luego agregó (en voz baja): Maldito seas.
Años más tarde confesó que había decidido abandonarlo todo[7]
La obra de Eliot y la de Joyce son aparatos que se apropian de estilos y tradiciones[8]. La incautación es su estilo
En tan poco tiempo, con tan pocas páginas, T. S. Eliot cambió el modo de escribir poesía[9]
Cuando los devotos le preguntaron qué se necesita para comprender un poema él respondió:
Leer otros poemas
Interrogado sobre su método creativo dijo:
No hay ningún método excepto ser muy inteligente


Notas:




[1] En su diario
[2] Que implacable, que implacable la miseria

[3] Imprimió tensión contra la forma

[4] Eso generaba disonancia

[5] La forma es lo que permite ser

[6] Un acertijo más a ser interpretado

[7] Pero Pound (siempre el viejo Pound) le explicó que Joyce había excitado el mundo de la novela. T. S. Eliot estaba obligado a hacer ese trabajo en el campo de los versos

[8] Son como cubos de Rubik

[9] T. S. Eliot no perdía ocasión de escribirle a su mamá: Hay un pequeño y selecto grupo que me considera el mayor poeta vivo (de Inglaterra)