viernes, septiembre 07, 2012


Jonatham Lethem comentando Chesil Beach, la novela de Ian McEwan, afirma que el horror se localiza en ocasiones en la distancia entre dos subjetividades que ansían fundirse, transmutarse en una nueva entidad, y fallan miserablemente. Esta es una interesante perspectiva del fracaso amoroso no porque sintetice la normalmente horripilante experiencia de los amores contrariados, sino porque señala algo que suele obviarse a la hora de las precisiones: el objetivo del amor. Normalmente esto se replica apelando a la lírica y todo queda suspendido en una nube de coloridas metáforas. ¿Pero cuál es el verdadero objetivo de los amantes? Respuesta: utilizar el alma (y cuerpo) de otra persona como ingrediente para alterar la propia identidad. La pareja ideal es el ingrediente que falta para completar el plan maestro. La pareja real en cambio normalmente solo tiene una limitada porción de la ideal. Con frecuencia se da el caso de gente que odia a su pareja porque o esta le fue impuesta por el azar o las circunstancias, o porque ésta le revela una identidad que quisiera no sea la suya.
Ilustración: Kent Killiams.