jueves, agosto 30, 2012


Hay dos grandes tribus en el mundo



  1. Los del universo de lo inmediato. Los que entienden la vida a través de la exaltación sensorial. Esos que consagran a la euforia como el estado ideal. Esos que exigen la satisfacción urgente del deseo. Esos que experimentan los incidentes (de la vida) con adictiva vibración. Esos que piensan que la vida es una marejada que inunda (inunda) la conciencia. Pero (por desgracia) no somos ángeles. Esos pronto averiguan lo aburrido que es el mundo cuando la capacidad de sorpresa se satura.
  2. Los otros. Los que piensan en el futuro (y en el pasado). Los precavidos. Esos que lanzan una amplia mirada (hacia el flujo del tiempo y la amplitud del espacio). Esta zona que revela la (verdadera) proporción de los afanes humanos y permite vislumbrar las coordenadas de lo real. Esa zona que requiere una actitud mental que se sustenta en el estoicismo (para comprender el panorama de la existencia). La conciencia de la muerte es característica frecuente en este territorio y sirve para contrarrestar el efecto cegador de la euforia vitalista. La melancolía es el terrible precio que pagan los de este colectivo.
Nota: Solo una situación de conflicto rompe el capullo de la identidad y crea las condiciones para el cambio. La renovación necesariamente se da cuando el sujeto peregrina conmovido hacia la otra zona del universo de lo humano. Porque el ser (el modo de ser) se revela como la más estricta de las prisiones. Nota: Lo humano está labrado por la tensión entre lo mediato y lo inmediato.