lunes, mayo 25, 2009

Picaflor


En el último número del New Yorker hay un poemita sobre el colibrí de las líneas de Nazca. El autor, el poeta Robert Gibb (Pennsylvania 1946) vive en la actualidad en los cerros de New Homstead, sobre el río Monongahela.

Hummingbird

1.
Shunt and plumb bob, a whirring top
That keeps touching down on its pivot.

Wings, the book says, like blurry gauze.
The long thin nectar-threading bill

Of a bird that backs off only to start again
From its still point in midair.

The revved-up, head-first metabolism.
The stone at the throat like a heart.

2.
High in the Altiplano, its wings spread
Hundreds of feet across, a hummingbird
Flies among the sky-faced drawings
The Nazca paced off on their tarmac.

3.
Walk me through something like that.

(http://www.newyorker.com/fiction/poetry/2009/05/25/090525po_poem_gibb)

sábado, mayo 23, 2009

El hombre que quería comprometerse con una lap top


Ray Kurzweil cree que está cerca el día en que podremos por fin abandonar nuestros cuerpos dolientes. Asegura que no regresaremos al polvo, que nos volveremos sujetos más rápidos y muy listos y que no tendremos fin. Ray Kurzweil tiene ya 61 años, y cada día traga 150 capsulas de suplementos para su dieta perfecta. Además hace planchas y lagartijas y cree que con un poco de suerte puede llegar sonriente al gran día, probablemente en el 2045. Entonces por fin podrá migrar a un soporte de silicón. Algunos aseguran que Ray Kurzweil está algo chiflado, pero hay que reconocer que es un chiflado con 15 doctorados (honorarios), varios libros escritos, y una tira de medallas académicas. Además no le falta plata, ya que es exitoso inventor y socio en instituciones pertinentes con Larry Page, el cofundador de Google. En realidad la idea de Ray Kurzweil no es excesivamente disparatada. La ciencia avanza siguiendo el ritmo de una progresión geométrica. La computadora del celular que usted tiene en el bolsillo es varios millones de veces más barata y mucho más poderosa que la que se usó para llevar un hombre a la luna. Según los cálculos para el 2029 las lap-tops ya habrán alcanzado un rendimiento de 20 petaflops, imprescindibles para equiparar al cerebro humano. Sin duda se aplicarán entonces a solucionar las últimas complicaciones bioquímicas (y metafísicas) hasta hacer posible el Gran Trasplante. Un problema podría surgir si la escogida por su corazón desarrolla suficiente conciencia y no le apetece comprometerse en eterna unión con ese caballero tan lleno de manías. (Los interesados en eternizarse chequear el sitio http://www.kurzweilai.net)

Más revolución


Nunca pensé que llegaría este día. Pero está demostrado que uno es fiel únicamente mientras es imprescindible. Otra actitud sería una terquedad. Pienso que de todas las estúpidas frases que se escriben una y otra vez la única infalible es (era) esa que asegura que el libro es el objeto más hermoso. Pero el libro, esa cosa que uno agarra y ama ha alcanzado su hora crítica. Esas miles de páginas que a uno lo vigilan desde los estantes van a sufrir la más dramática transformación desde los tiempos de Gutemberg.
Foto por R.Ch.

Sexta generación


El líder de la llamada “Sexta Generación”, la nueva tendencia del siempre sorprendente cine chino, es Jia Zhang Ke. Luego de algunos años en que nos embelesamos con cintas de épico dinamismo y suntuoso colorido aparece este jovenzuelo para mostrarnos, con agridulce castidad, el nuevo rostro de la República China, convulsionada por el proceso de convertirse en esa titánica paradoja que es el comunismo capitalista. Enemigo acérrimo de Zhang Yimou, el Spielberg chino, (La casa de las dagas voladoras), Jia ha optado por un cine austero, con una gran sensibilidad para retratar la gente “real”, esa que fue despojada de sentido, primero por el cine propagandístico, y luego por el del entretenimiento. Como Antonioni, expresa sus ideas con imágenes, y como Bresson, persigue la (supuesta) imagen pura que está detrás de los trucos creativos. El 2006 se llevó el León de oro en Venecia con Still Life. La protagonista es una ciudad de millón y medio de habitantes (y de 2000 años de antigüedad) que es demolida piedra por piedra para dar paso a la más grande represa del mundo.

lunes, mayo 11, 2009

La burbuja del mal

La gran depresión que estremece los cimientos de la economía mundial tiene sus orígenes en que el capitalismo, la autodenominada “máquina de generar riqueza”, llevó sus especulaciones hasta un nivel de virtual delirio. El crédito se levanta sobre la urgencia del humano de materializar algo ficticio. Por medio de una maniobra económica se puede usar algo que no existe, que pertenece al futuro, con la condición de pagar un porcentaje al mago que ha realizado esa transfiguración. El problema ocurre cuando el malabarista se enreda, pierde el ritmo, cuando la tensión entre ficción y realidad alcanza un punto de quiebre. Entonces se desvanece la fantasía y la realidad exhibe sus tiránicos modales. La quiebra. La bancarrota.
Lo que se debate ahora es si esta gran crisis es un simple crash del sistema, un accidente, una falla que puede ser inmediatamente corregida, o el asunto es estructural, de hardware. Lo que sí está claro es que la actitud inmediatista, de cigarra que vive imprudentemente el instante, se expresa también en otros ámbitos. El más importante sin duda es el del medio ambiente, donde también estamos a punto de declararnos completamente arruinados. Nos hemos multiplicado y hemos saqueado desenfrenadamente los recursos del planeta con una arrogancia sin par. La febril promesa de que luego pagaremos esa deuda, que encontraremos, como siempre, la manera de solucionar el problema es la clásica mentalidad del deudor empedernido.
Pero tal vez nuestro sistema mental está manchado por una visión algo mercantil de la vida. La sensación de vivir en deuda (con el destino, con el prójimo, con nosotros mismos, con Dios) ha sido el motor de la angustia del ser humano desde el principio de los tiempos. Las tres religiones monoteístas sobre las que se ha alzado el edificio de (gran parte) de la civilización supieron institucionalizar esta peculiaridad. Cada uno de nuestros supuestos deslices ha sido siempre marcado como “deuda” a ser saldada con inmediata penitencia, o luego, en los sótanos sulfurosos de alguna eternidad. Y lo terrible es que desde el mismo instante de nuestro nacimiento la cuenta se ha presentado en rojo. Evidentemente muy pronto el sistema de contabilidad alcanzó un punto de saturación que se tuvo que reconfigurar el sistema. Eso en la concepción cristiana ocurrió cuanto tuvo que intervenir el mismísimo hijo de Dios para “redimir” la deuda, para ayudarnos con la pesada carga. Pero la perspectiva de la deuda no sólo ha regido la administración de nuestras almas. Los sistemas sociales ha sido diseñados siguiendo esta línea y, significativamente, la urgencia primordial ante un infractor es reclamar coactivamente su “deuda con la sociedad” y no alguna posibilidad de rehabilitación.
Quizá la gran movida de la exuberancia capitalista de los últimos años fue una astuta mistificación: la deuda abandonó sus penosas connotaciones (por admirable prestidigitación de la cultura del marketing) para afirmarse como un colorido modo de vida. Como una “auténtica” afirmación de la posibilidad. Dejó su áspero traje de condenado y se colocó la guayabera del hedonista. En este mismo momento todos los clérigos, y otros fundamentalistas, deben estar puliendo sus sermones. Los viejos enemigos de todo lo decadente deben también estar tecleando sus remozadas diatribas. La cultura de la frivolidad será desenmascarada en todas sus vergüenzas. Sin misericordia. Y hasta los simpáticos impostores –todas esas posturas, modas, tendencias- que animaban las comparsas del carnaval serán sometidos a la intemperie. Un nuevo gran cambio empieza a tomar forma. Y lo cierto es que no hay manera de aburrirse en este mundo.
Referencia: Margaret Atwood. Payback.