viernes, marzo 03, 2006

Felipe Guaman con su hijo y con su perro en Ariquipa


Para que veáis, cristiano lector, de las cosas que Dios hizo para los hombres esto se escribe considerándose que no se puede saber todo y tanto ni de tantos años porque el mundo está ya viejo que sólo Dios en su secreto sabe todo lo pasado y lo venidero

Para que veáis se pone y se escribe que los varones y doncellas de la dicha Ariquipa sembraron y entonces cosecharon y con la poca sombra quedó solamente la fe en la virgen de Chapi. Pues que éstos hacían oración diciendo: "¡Oh! ¿Adónde estás? ¿En el cielo o en el límite del mundo o en el infierno? ¿Adónde estás? ¡Óyeme! ¡Óyeme!"

Mira, los que se juntaron por el río Chili hicieron fama de terquedad y del pecado de orgullo
Y querían a su tierra como si su tierra no fuese quebradas y pedruscos y no fuese sitio como todo. Que en esta tierra primero vivían serpientes, duendes, zorras, venados.
Estos dichos primeros Indios los mataron y conquistaron la tierra y señoriaron ellos y se entraron en este reino
pero los que vinieron después construyeron la casa sobre otra casa. Caminos anchos y largos. Carros para correr. Sitios para gastar.

Mira, cristiano lector, aprende de esta gente bárbara
que en el antes no se halló adúltera ni había puta ni puto porque tenían una regla que mandaba que las dichas mujeres no le habían de dar de comer cosa de sustancia ni chicha Tenía esta ley y así no se hacían garañonas en este reino
Mira, cómo usaban de humanidad y por ello todos estaban en la plaza porque se allegasen peregrinos, extranjeros, huérfanos, enfermos. Y todos bebían la chicha y comían el rocoto con carne cortada
Pedazos picantes domesticados
Y traían canastas del río
Camarones en chupi y aji
Y riendo mordían los cuyes
El animal extendido y una piedra de río

Mira, cristiano lector, de cómo no aguaitaban hechiceros
ni persona que da ponzoña
ni renegaciones
porque los mataban vivos con mucha pena y castigo a pedradas y los despeñaban.
Y así había buena justicia y castigo en los malos
Ahora más castiga al pobre y a los ricos le perdona. ¡Mala justicia!
Y otros dijeron que los indios eran salvajes animales
Como si no tuvieran ley ni oración ni hábito de Adán y fueran como caballo

Mira, cristiano lector, mira esta gente, ahora
no saben quiénes son
Los caciques se escapan del pueblo con oro
Los hechizadores pintan su rostro rayado
El ladrón dice que otro es ladrón
¿A quién van a creer?
Mira qué tanta suma de indios podía haber en el reino
Mira, dicen que una vez con temblor se murió muy mucha gente
Y no les podían acabar todos los buitres de este reino. Que así lo cuenta.
Y dicen que los viejos decían. ¡Castigo! ¡Castigo!
¿Pero quién merece tanto mal como perderse en su casa?